Columna invitada

Los seis miedos básicos

El miedo a la pobreza “paraliza la facultad del razonamiento, destruye la imaginación, elimina la confianza en sí mismo, socava el entusiasmo, conduce a la incertidumbre…”


Verónica Bracho Alburquerque *

Los seres humanos estamos llenos de miedos y son tantos que si buscamos en internet nos encontraremos con una lista con más de 40 tipos de miedos y fobias, entre los que destacan los miedos a los animales, a diversas situaciones de vida, a objetos, a creaciones que nosotros mismos hemos inventado y a muchas otras cosas más.

En esta ocasión retomamos los seis miedos más comunes de acuerdo a las investigaciones médicas y sociales:

  • El miedo a la pobreza
  • El miedo a la crítica
  • El miedo a la enfermedad
  • El miedo a la pérdida del amor de alguien
  • El miedo a la vejez
  • El miedo a la muerte

El primero de ellos (de acuerdo a Napoleón Hill) es el miedo a la pobreza en su más amplio sentido: espiritual, mental y material; es un estado mental creado y no comprado. Este miedo, de acuerdo con las palabras de Hill, “paraliza la facultad del razonamiento, destruye la imaginación, elimina la confianza en sí mismo, socava el entusiasmo, conduce a la incertidumbre, convierte el autocontrol en una imposibilidad, anula la personalidad, reduce la fuerza de voluntad, destruye la ambición, mata el amor, desanima la amistad y asesina las emociones más exquisitas del corazón. Nada produce tanto sufrimiento y humillación al hombre como la pobreza”.

Y esas palabras tan duras, como las describió este autor en 1937, siguen vigentes el día de hoy. Pero, ¿qué hay que hacer para evitar esta condición? La pregunta no es sencilla, pues tendríamos que analizar los sistemas políticos y económicos de los últimos años, se tendría que analizar la naturaleza humana; los usos y costumbres del país, entre otras muchas cuestiones; pero podemos iniciar con lo más sencillo, que es con nosotros mismos. Así, podríamos empezar con:

  • Saber qué es lo que más nos gusta, y en lo que tenemos más habilidad y destreza para dedicarnos a un trabajo u oficio que nos motive y agrade.
  • Plantearnos objetivos a corto, mediano y largo plazo, con fechas y descripciones reales para llevarlos a cabo. El no tener un objetivo de vida nos hará divagar sin realizar nada productivo. Ir en la vida sin una brújula no es nada conveniente.
  • Realizar las cosas al momento y evitar la procrastinación.
  • Si sólo se piensa en tener, habrá desconfianza por los vaivenes de la vida; lo mejor es confiar en la capacidad de producir.
  • Tener en cuenta que las riquezas materiales no son lo más importante como no los han hecho creer, y claro está que llevar una vida con madurez y estabilidad es muy reconfortante.

En el siguiente artículo retomamos el segundo miedo. Hasta la próxima.

Referencia:

Hill, Napoleón. (2016). Piense y hágase rico. España: Bibliok Book Export, S. L.

* Socióloga y M.C.E.

Artículos relacionados

Back to top button
error: Content is protected !!