Columna invitada

Las diferencias educativas entre las culturas oriental y occidental en el siglo XXI (parte 7)

“El tiempo es lento cuando esperas, rápido cuando vas tarde, mortal cuando estás triste, corto cuando eres feliz, interminable cuando estás enfermo y padeces mucho dolor, largo cuando estás aburrido, hermoso cuando estás feliz y realizado, eterno cuando estás en un lugar donde no quieres estar. Es decir, ¡el tiempo siempre está determinado por tus sentimientos!”: anónimo


David Moisés Terán Pérez *

Estimadas(os) lectoras(es) de esta columna invitada semanal. Buenos días. Les deseo a ustedes, como ya es nuestra sana costumbre semanal, ¡un extraordinario, productivo, genial, excelente y muy feliz martes! Hoy continuaremos desarrollando contenido para esta muy interesante y entretenida saga.

La semana pasada nos quedamos en el establecimiento de ciertas hipótesis, de por qué en América Latina no prosperan los grandes genios de la innovación y de la creatividad tecnológicas. Sin embargo, nos faltó integrar una tesis bastante interesante, que al respecto presenta y propone el autor, periodista e investigador argentino Andrés Oppenheimer (2014; p. 7), y que es la siguiente: “El principal motivo por el que no ha surgido un Steve Jobs en nuestros países es que tenemos una cultura social -y legal- que no tolera el fracaso. Los grandes creadores fracasan muchas veces antes de triunfar, y para eso hacen falta sociedades tolerantes con el fracaso.

Jobs, quien murió a los 56 años, cofundó Apple™ en el garaje de su casa a los 20 años de edad, pero fue despedido de la empresa 10 años después, cuando no tenía ni 30, luego de perder una lucha corporativa dentro de Apple™. Su caída en desgracia salió en las portadas de los principales diarios y revistas de todo el mundo.

De acuerdo con lo establecido por Oppenheimer (2014) en el párrafo anterior, en muchos de nuestros países de América Latina, la carrera de Jobs hubiera terminado ahí. La reacción de la comunidad empresarial latinoamericana hubiera sido: “Cayó en desgracia”, “ya pasó su cuarto de hora”, “está acabado”, “pobrecito”, o simplemente “fue”. Sin embargo, en Silicon Valley, tras su despido de Apple™, Steve Jobs inició un periodo, que más tarde describió él mismo, como: “El más creativo de su vida”. Creó nuevas compañías, y consiguió nuevos inversionistas para financiarlas. En la cultura de innovadores de Silicon Valley, donde el fracaso es una experiencia de trabajo que sufre la mayoría de los triunfadores, Steve Jobs se levantó muy rápidamente.

¿Hubiera ocurrido lo mismo en España o en Latinoamérica?, ¿alguien que cayó en desgracia repetidamente en su carrera, como Steve Jobs, podría haberse levantado y triunfado en nuestros países? La respuesta a estas dos interrogantes, se las dejo a ustedes lectores(as) de esta Columna Invitada.

Ahora, por otra parte: ¿Qué distingue a las personas creativas y a las culturas innovadoras? En otras palabras, cómo convertirnos en más creativos a nivel personal y nacional, y cómo convertir nuestras ideas en proyectos económicamente rentables, que nos ayuden a vivir mejor. Por lo que, lejos de estar condenados al atraso, podemos usar nuestro talento -y lo tenemos-, para impulsar y dar cauce a nuestra creatividad. La innovación se está democratizando, y cada vez está más cerca de nuestro alcance.

Continuemos. ¿Por qué Silicon Valley, California -el indiscutido centro de la innovación a nivel mundial y la sede de Google™, Apple™, Facebook™ (ahora Meta™), eBay™, Intel™, y miles de otras compañías de alta tecnología- tiene la impresionante concentración de empresas innovadoras globales en esa área del norte de California, en los alrededores de San Francisco?, ¿es que el gobierno de los Estados Unidos de América, ha designado esa área como polo de desarrollo tecnológico, y proporciona a las empresas de tecnología enormes facilidades para que se establezcan ahí?, ¿es que el estado de California les da exenciones fiscales?, ¿o las compañías tecnológicas llegan a Silicon Valley atraídas por los contratos de la industria de la Defensa, o por la cercanía de la Universidad de Stanford, una de las mejores del mundo en investigación tecnológica y científica? Empero, el secreto del éxito en Silicon Valley, no tiene nada que ver con el gobierno, ni con los incentivos económicos, ni con los parques tecnológicos, ni con los parques científicos, ni con nada de eso -que es una perdedera de dinero que no sirve para nada-. El “secreto”, es el tipo de gente que se concentra en ese lugar.

Es decir, en Silicon Valley, ocurre una peculiar aglomeración de mentes creativas de todo el mundo, que llegan atraídas por el ambiente de aceptación a la diversidad étnica, cultural, racial, y hasta sexual. Nada menos que 53% de los residentes de Silicon Valley son extranjeros, y muchos de ellos son jóvenes ingenieros y científicos chinos, de la India, mexicanos, y de todas partes del mundo, que encuentran ahí, un ambiente propicio para desarrollar sus ideas. Puede decirse que la mentalidad de California, con su apertura mental, y el culto a lo “diferente”, tienen mucho que ver con el éxito de Silicon Valley. Y la presencia de la Universidad de Stanford -con su excelencia en la investigación y el desarrollo tecnológico-, sin duda contribuyó a que tantas empresas tecnológicas se encuentren en ese lugar de California; en donde es posible ver a cientos de jóvenes con sus laptops, metidos de lleno en sus proyectos de empresas de nueva creación (start-ups), consultándose sobre cómo solucionar problemas de software, aunque no se conozcan entre sí; pero desarrollan trabajo colaborativo y trabajo cooperativo. De alguna manera, todos esos jóvenes, quieren ser el próximo Mark Zuckerberg. Por otro lado, uno de los primeros autores en llamar la atención sobre este fenómeno, fue el economista Richard Florida (2004), de la Universidad de Toronto, quien comenzó a cambiar radicalmente las teorías de la innovación de la última década del siglo XX, según las cuales, la condición principal para la innovación, era tener un clima de negocios favorable.

En su libro: “El ascenso de la clase creativa: Y cómo está transformando el trabajo, el ocio, la comunidad, y la vida cotidiana”; Florida (2004), esgrimió la teoría de que en el futuro, las empresas no atraerán a las mentes creativas, sino al revés. Las concentraciones de mentes creativas atraerán a las empresas. Ésta, es una buena noticia para América Latina: La región tiene a su favor varias ciudades con un dinamismo muy particular, que actúan como un imán para mentes creativas, y que pueden convertirse en importantes centros de innovación. Otra pregunta simple: ¿Qué es lo que genera la creatividad? Pues obviamente: ¡La presencia de gente creativa!

La idea de que la creatividad es algo relacionado con grandes genios individuales es un gran mito. La realidad es que la creatividad es un proceso social: Nuestros más grandes avances vienen de la gente de la que aprendemos, de la gente con la que compartimos, y de la gente con la que colaboramos. Y las ciudades son verdaderas fuentes de creatividad. Siempre fue y ha sido así. La Atenas de los clásicos, la Florencia del Renacimiento, la Viena y el París de finales del siglo XIX, la Nueva York después de la Segunda Guerra Mundial, todas ellas experimentaron un increíble florecimiento de la genialidad en varios terrenos, en buena medida por su condición de ciudades. Gracias a la diversidad de su población, sus nutridas redes sociales, sus espacios públicos donde la gente podía reunirse espontáneamente e intercambiar ideas, pudieron generar nuevas ideas. Y con sus infraestructuras financieras, organizativas y comerciales, pudieron convertir esas ideas en realidad.

Florida (2004) llegó a estas conclusiones cuando se encontraba viviendo en Boston como profesor visitante de Harvard en 1994. Estando allí, un día leyó un titular en el diario “The Boston Globe” que le intrigó como pocas otras cosas. La noticia decía que la empresa de Internet Lycos® había decidido mudarse de Pittsburgh a Boston. Florida (2004), que hasta entonces había vivido en Pittsburgh -como profesor de Economía de la Universidad Carnegie Mellon-, se quedó estupefacto. Lycos® era el orgullo de la Universidad Carnegie Mellon: La empresa fue creada por profesores de Carnegie Mellon, se nutría de los graduados de Carnegie Mellon, y recibió todo tipo de incentivos económicos de la ciudad de Pittsburgh.

¿Por qué motivo había decidido Lycos® mudarse a Boston, una ciudad con un ambiente económico mucho más adverso, que no ofrecía incentivos fiscales, donde los impuestos y la mano de obra eran mucho más altos? El profesor se puso a investigar el tema. De regreso a Pittsburgh para dar una temporada de clases en esa ciudad, Richard Florida preguntó a sus estudiantes de la Maestría en Economía: “¿Cuántos de ustedes piensan quedarse en Pittsburgh una vez que se gradúen? No hubo un solo estudiante que levantara la mano. Y cuando les preguntó adónde pensaban mudarse, las respuestas fueron todas iguales: ‘Quiero vivir en algún lugar que tenga energía’, o ‘Quiero vivir en un lugar vibrante’, o ‘Quiero vivir en una ciudad que tenga onda’”. De este modo, el profesor Florida, comenzó a estudiar el movimiento de las empresas de punta, y descubrió que el caso de Lycos®, no era una excepción: Las empresas estaban migrando hacia lugares con mentes creativas.

Lycos® se había mudado a Boston, por un solo motivo: Para tener acceso a una fuente permanente de gente innovadora, no sólo para el lado tecnológico de la empresa, sino para sus operaciones de mercadotecnia, desarrollo de negocios y todo tipo de funciones. Y esa gente estaba en Boston, tal como Florida (2004) determinó. ¿Y dónde se congrega la gente creativa? No siempre las mentes innovadoras se congregan alrededor de las mejores universidades, ni de las grandes empresas. Tras estudiar el caso de Silicon Valley, Florida (2004), concluyó que los innovadores tienden a juntarse en lugares que les permiten trabajar: Fuera de las reglas de las corporaciones tradicionales, fuera de la burocracia, allí donde pueden controlar los medios de producción y donde les ofrecen capital de riesgo que sea capital, y no deuda. Y, Richard Florida, encontró varios lugares muy prometedores en Latinoamérica.

Estimados(as) lectores(as), si tienen oportunidad de leer el texto de Richard Florida (citado en las referencias), por favor, háganlo; será una muy interesante y entretenida lectura. Gracias. (Continuará…)

Referencias:

Florida, Richard. (2004). El ascenso de la clase creativa: Y cómo está transformando el trabajo, el ocio, la comunidad, y la vida cotidiana. Nueva York, EUA: Editorial Basic Book.

Oppenheimer, Andrés. (2014). ¡Crear o morir! La esperanza de Latinoamérica, y las cinco claves de la innovación. Nueva York, EUA: Random House LLC.

* Ingeniero Mecánico Electricista por la UNAM. Especialidad en Habilidades Docentes por la UNITEC. Maestro en Microelectrónica por la Université Pierre et Marie Curie de París. Maestro en Alta Dirección por el IPADE. Maestro en Ciencias de la Educación por la UVM. Doctor en Educación por la UPN. Académico en la UNAM por 30 años. Director de los Centros Autorizados de Servicio (CAS) en Hewlett-Packard de México. Líder de Proyecto Eléctrico en Siemens México. Autor de siete libros publicados por Alfaomega Grupo Editor. Dos títulos más en la Editorial Umbral. Además de ser conferencista nacional e internacional. Actualmente, es el CEO del Centro Evaluador en Competencias Laborales “Liderazgo en Certificación”, LICERT S.A.S. de C.V., avalado por el CONOCER y la SEP, con URL www.licert.com.mx. Correo electrónico: dmtp040964@gmail.com.

Artículos relacionados

Back to top button
error: Content is protected !!