Columna invitada

Las diferencias educativas entre las culturas oriental y occidental en el siglo XXI (parte 11)

“El valor de la innovación no está en evitar que te copien, sino en conseguir que todos te quieran copiar”: Enrique Dans


David Moisés Terán Pérez *

Estimadas(os) lectoras(es) de esta columna invitada semanal. Buenos días. Les deseo a ustedes como ya es nuestra bonita costumbre semanal ¡un extraordinario, productivo, genial, excelente y muy feliz martes! Hoy terminaremos el contenido para esta saga.

Comenzamos: ¿Por qué China tiene el mejor y el peor sistema educativo del mundo? Tras los resultados de China en PISA en los años 2018, 2019 y 2020, muchas voces animan a copiar su sistema educativo. Sin embargo, no son pocos —incluso entre los mismos chinos—, los que advierten que si eso se hace se puede causar más daño que beneficio.

Pero, ¿por qué? En un libro publicado por Yong Zhao, experto en educación, y profesor de la Universidad de Oregón —nacido y educado en China—, cuyo título es: “Who’s afraid of the big bad Dragon: Why China has the best (and the worst) education system in the world”. Según él: “La educación en China ahoga la creatividad, extingue la curiosidad, asfixia al individuo, arruina la salud de los jóvenes, amarga a los estudiantes y a sus familias, corrompe a profesores y directivos, y perpetúa la injusticia y la desigualdad” (Zhao, 2014: p. 26). Sin embargo, sus estudiantes obtienen las mejores calificaciones en PISA. Esta es la razón por la que se menciona ese libro. Seguimos hablando de que Finlandia ocupa el primer lugar en el ranking de sistemas educativos, pero cuando se incluyen en él a los países orientales, no es así.

Según el último informe de PISA en el año 2020 —en Matemáticas— el orden es el siguiente: Shanghái, Singapur, Hong-Kong, Taiwán, Corea del Sur, Macao, Japón, Liechtenstein, Suiza, Países Bajos, Estonia y Finlandia. También en Ciencias y en Comprensión Lectora, las primeras plazas están ocupadas por países asiáticos. Todos ellos siguen el modelo educativo chino, basado en la repetición y la memoria. Esta disparidad entre lo que consideramos “mala pedagogía” y los buenos resultados, constituye lo que se ha denominado: “La paradoja China”, que ha sido estudiada, entre otros, por John Biggs en sus libros: “The Chinese Learner”, y “Teaching the Chinese Learner”.

El éxito de la escuela China hizo decir al secretario de Estado de Educación estadounidense —Arne Duncan—, que: “Los estadounidenses vivían en un momento Sputnik”, recordando que cuando la URSS lanzó su primer satélite en 1957, los Estados Unidos de América sufrieron la penosa experiencia de sentirse tecnológicamente superados, y se pusieron a trabajar frenéticamente para recuperar el liderazgo.

Entonces, tras los extraordinarios resultados de China en las pruebas de PISA, muchas voces animan a copiar su sistema. En los Estados Unidos de América, tuvo un gran éxito el libro: “The battle hymn of the tiger mother”, escrito por Amy Chua —una profesional de prestigio norteamericana, pero de procedencia china—, donde cuenta cómo educó a sus dos hijas como una “madre China”, decepcionada por la permisiva educación americana.

Empero, Zhao (2014: p. 76) advierte contra lo que considera que sería un tremendo error: “China representa una peligrosa amenaza (…). Si, abandonando sus propias tradiciones, los países occidentales adoptan el modelo educativo chino, posiblemente subirán de rango en las pruebas internacionales, pero perderán todo aquello que les ha llevado a la modernidad: La creatividad, el espíritu de empresa, y una genuina diversidad de aptitudes”. Un hecho como este, fuerza a revisar las pruebas de PISA, y a otra cosa aún más fundamental: A evaluar atentamente los métodos educativos que estamos empleando.

Es cierto que el aprendizaje puramente memorístico tiene mala fama, pero olvidar que la repetición es un medio indispensable para aprender con profundidad, es un disparate. En el libro de Daniel Doyle titulado: “The talent code: Greatness isn’t born. It’s grown. Here’s how”. Este autor ha visitado una serie de instituciones que tienen extraordinario éxito educativo, que son verdaderas factorías de talento: “Como un destartalado club de tenis en Moscú que en los tres años anteriores ha producido más jugadoras del Top 20, que el conjunto de los Estados Unidos de América; una escuela en San Mateo (California) que en cuatro años ha transformado una escuela tradicionalmente retrasada en Matemáticas en el 96% de éxito. Una academia de esquí en Vermont que en los últimos 40 años ha producido 50 campeones olímpicos. Le ha sorprendido ver la importancia que todas esas instituciones dan al entrenamiento repetitivo. ¿Estaremos olvidando algo?” (Doyle, 2009: p. 86)

El objetivo de este artículo no es contestar a esta pregunta, sino insistir en la idea de que los sistemas educativos no pueden estar en manos de aficionados o de ideólogos. Una nación necesita estar al corriente de lo que se hace en otros países, sopesar las evidencias, estar dispuesta a cambiar sus creencias educativas si resultan equivocadas, tener claro lo que quiere conseguir y explicárselo bien a los ciudadanos.

Por ejemplo, los currículos españoles son largos y caóticos. Cada Comunidad Autónoma puede determinar un porcentaje de la programación. El 45% las que tengan lengua cooficial y el 35% las que no lo tengan. Si creemos en que la educación tiene una base científica, parece lógico que la elección de los contenidos tenga que justificarse con gran rigor. Nunca se ha visto que esto se haga. Por esa razón, en el “Libro blanco de la profesión docente”, se solicitaba la existencia de un Consejo Pedagógico del Estado Español, encargado de asesorar sobre los currículos, su actualidad, la comparación con lo que se hace en otros países, así como el resultado de su aplicación. En Francia, existe el del Conséil Supérieur des Programmes. Ese consejo también debería informar a la sociedad de sus estudios y sus conclusiones, para que esta supiera a qué atenerse, y tuviera confianza en quienes se ocupan de la educación de su juventud (Marina, 2016).

Finalmente, analizar las patentes en función de la tecnología, permite determinar las áreas en que un país tiene mayor peso y/o especialización. Por ejemplo, el mayor número de solicitudes presentadas en China y en los Estados Unidos de América, correspondió a la tecnología informática, las de Japón y de la República de Corea del Sur, correspondieron a la maquinaria eléctrica, y las de Alemania, al transporte (ver la Fig. 1).

Fig. 1.- ¿Qué países se especializan en qué tecnologías?
Fuentes: Base de datos estadísticos de la OMPI y base PATSTAT de la OEP (septiembre del 2020)

Amigos(as) lectores(as), hemos llegado al final de esta saga. Y, hay muchas preguntas por responder. Sin embargo, la más importante es: ¿Por qué México no tiene un Modelo Educativo propio, que se ajuste a nuestra idiosincrasia, nuestros principios y nuestros valores? Porque históricamente, siempre se han copiado los modelos educativos de otros países, y sistemáticamente, todos han fallado. Entonces, ¿por qué seguir copiando lo que no da resultados? Independientemente de qué se haga en el Oriente y en el Occidente; lo más importante es saber qué estamos haciendo en México para cerrar la brecha de atraso que tenemos respecto a los países desarrollados, que en términos generales es de aproximadamente 50 años. Mucho en qué pensar y qué hacer al respecto. La próxima semana, iniciamos un nuevo tema.

Referencias:

Doyle, Daniel. (2009). The talent code: Greatness isn’t born. It’s grown. Here’s how. USA: Bantam Dell Editions.

Marina, José Antonio. (2016). ¿Por qué China tiene el mejor y el peor sistema educativo del mundo? España: El Confidencial.

Zhao, Yoan. (2014). Who’s afraid of the big bad Dragon?: Why China has the best (and the worst) education system in the world. USA: Jossey Bass Editions.

* Ingeniero Mecánico Electricista por la UNAM. Especialidad en Habilidades Docentes por la UNITEC. Maestro en Microelectrónica por la Université Pierre et Marie Curie de París. Maestro en Alta Dirección por el IPADE. Maestro en Ciencias de la Educación por la UVM. Doctor en Educación por la UPN. Académico en la UNAM por 30 años. Director de los Centros Autorizados de Servicio (CAS) en Hewlett-Packard de México. Líder de Proyecto Eléctrico en Siemens México. Autor de siete libros publicados por Alfaomega Grupo Editor. Cuatro títulos más en la Editorial Umbral. Y tres títulos más publicados directamente en la Plataforma de Amazon. Además de ser un reconocido conferencista nacional e internacional. Actualmente, es el CEO del Centro Evaluador en Competencias Laborales y Centro de Evaluación Microsoft: “Liderazgo en Certificación”, LICERT, S.A.S. de C.V., avalado por el CONOCER y la SEP. dmtp040964@gmail.com

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