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Al filo de la banqueta. Z: LA GENERACIÓN QUE INCOMODA. ¿UNA MARCHA ROBADA?

Jóvenes sí hubo, pero también adultos, señores, familias completas. Y en el fondo, todos caminaban por lo mismo: la sensación de que la violencia y la impunidad ya se nos subieron al cuello


   
🖋 El Poeta del Desastre

Desde la banqueta, lo que se vio no fue un ejército de chavos tomando las calles, sino un montón de gente de todas las edades que salió porque ya se cansó de vivir con miedo. Así de simple: la marcha de la llamada “Generación Z” dejó más dudas que certezas.

El discurso decía que era un movimiento joven… pero la foto aérea contaba otra historia. Jóvenes sí hubo, pero también adultos, señores, familias completas. Y en el fondo, todos caminaban por lo mismo: la sensación de que la violencia y la impunidad ya se nos subieron al cuello.

Ese enojo es real. Y no necesita líderes carismáticos ni campañas perfectas para existir. Es un cansancio que traen los chavos que no encuentran futuro, y también los adultos que sienten que el país se les está desmoronando enfrente. Por eso la marcha prendió. Porque conectó desde la entraña.

Pero tampoco hay que hacernos los ingenuos. No toda la movilización fue tan espontánea como algunos quieren venderla. Hubo manos moviendo la conversación, amplificando mensajes, empujando ideas. Nada nuevo en este país: cuando hay descontento, también hay quienes buscan capitalizarlo.

Y ahí es donde todo se vuelve más confuso. Porque cuando la indignación legítima se mezcla con intereses políticos, el resultado suele ser un movimiento extraño, que emociona pero también sospecha. Uno que puede servir más de termómetro electoral que de herramienta de cambio.

La etiqueta “Generación Z” fue útil para llamar la atención, claro. Suena fresco, disruptivo, combativo. Pero si detrás del nombre no están realmente quienes supuestamente lo encarnan, la narrativa se desinfla. Pasa de causa a slogan.

La pregunta central es sencilla, pero nadie la responde: ¿Qué quiere exactamente este movimiento? ¿Quién lo guía? ¿Hacia dónde va este enojo que se desbordó?

Sin un mínimo de claridad, lo que vimos puede quedarse solo como una buena postal de domingo. Y sería una lástima, porque la energía estaba ahí, lista para convertirse en algo más grande.

Estamos en un terreno delicado. Si esto toma forma, si se organiza, si encuentra rumbo, podría abrir la puerta a una nueva manera de hacer política desde lo joven, lo cotidiano, lo urgente. Pero si se deja jalar por agendas ajenas, terminará siendo otra causa efervescente que se deshizo en el aire.

Por ahora queda una verdad incómoda: la inconformidad está ahí, buscando dónde aterrizar. La próxima pelea no será por llenar el Zócalo, sino por darle sentido a lo que la gente quiso decir con su presencia.

Y ahí sabremos si la “Generación Z” realmente tiene algo nuevo que aportar… o si solo fue un nombre prestado para una marcha que otros ya traían escrita.

Porque del otro lado de la acera, los jóvenes tienen sus propias certezas: “Queremos un país donde podamos vivir, crecer y ser jóvenes sin miedo, sin ser usados y sin que la violencia sea la regla. Tenemos futuro, pero nos lo están arrebatando”.

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