Columna invitada

Los niños 2025: educando para los empleos que aún no existen (parte 4)

“No hay peor pérdida de tiempo, que hacer extraordinariamente bien algo que no debía haberse hecho nunca”: Peter Ferdinand Drucker (austriaco, “El Padre de la Administración Estratégica”)


🖋 David Moisés Terán Pérez

Hoy continuaremos desarrollando contenido para la saga titulada “Los niños 2025: educando para los empleos que aún no existen”, a través de establecer los siguientes subtemas: “La resiliencia, la flexibilidad y la gestión emocional ante la incertidumbre”, “La curiosidad, la mentalidad de crecimiento y el aprendizaje continuo”, “La ética, la ciudadanía global y la responsabilidad social en entornos digitales” y “Cómo diseñar experiencias educativas para que estas habilidades se practiquen y no solamente se enseñen”. Comenzamos.

INTRODUCCIÓN: NAVEGANDO DEL VUCA AL BANI

Nos encontramos en un punto de inflexión histórico. Durante años, utilizamos el acrónimo VUCA (Volátil, Inestable, Complejo y Ambiguo) para describir el entorno empresarial y social. Sin embargo, a medida que nos adentramos en la tercera década del siglo XXI, este término ha quedado corto. Los expertos en futurística y en las tendencias globales han adoptado un nuevo marco: BANI (Frágil, Ansioso, No lineal e Incomprensible).

Vivimos en un mundo en donde las estructuras son frágiles y se rompen fácilmente (como las cadenas de suministro globales), en donde la ansiedad individual y colectiva es el rasgo predominante debido a la sobrecarga de información, en donde la causalidad ya no es lineal (un pequeño virus puede detener al mundo), y en donde la cantidad de datos hace que la realidad sea incomprensible, sin filtros superiores (Buolamwini & Gebru, 2018).

Ante este nuevo escenario BANI, el modelo educativo tradicional —basado en la memorización y en la estandarización de la Revolución Industrial—, está absoluta y totalmente obsoleto. Para los años 2030 a 2050, el éxito no dependerá de lo que se sabe, sino de cómo se es, cómo usted se adapta, y cómo utiliza la tecnología de manera ética.

LAS HABILIDADES CLAVE PARA LOS AÑOS 2030–2050: LA FORMACIÓN PARA UN FUTURO INCIERTO, INTERCONECTADO, Y DIGITAL

El vertiginoso avance de la tecnología, la automatización, el cambio climático, la globalización y la sociedad en red, delinean un escenario en donde el futuro laboral y social será radicalmente distinto al que hoy conocemos. Ante este panorama, una serie de habilidades blandas y transdisciplinarias se erigen como fundamentales para prosperar en los próximos 20 a 30 años. Ya no se trata solamente de acumular conocimientos, sino de aprender a navegar la complejidad, adaptarse al cambio continuo y actuar con responsabilidad en contextos cada vez más inciertos. En este artículo, se abordan cuatro grandes ejes de estas habilidades clave: La resiliencia, la flexibilidad y la gestión emocional; la curiosidad, la mentalidad de crecimiento y el aprendizaje continuo; la ética, la ciudadanía global y la responsabilidad social en los entornos digitales; y finalmente, el diseño de experiencias educativas que fomenten su aplicación práctica (Buolamwini & Gebru, 2018).

I. LA RESILIENCIA, LA FLEXIBILIDAD Y LA GESTIÓN EMOCIONAL ANTE LA INCERTIDUMBRE

Uno de los mayores desafíos del siglo XXI es la incertidumbre constante, especialmente alimentada por las crisis globales como: El cambio climático, las pandemias, las disrupciones tecnológicas, y los conflictos sociopolíticos. En este contexto, las habilidades socioemocionales como la resiliencia, la flexibilidad cognitiva y la gestión emocional constituyen pilares fundamentales para afrontar y superar los retos emergentes.

  • La resiliencia como capacidad adaptativa

La resiliencia implica la capacidad de recuperarse rápidamente de contratiempos, adaptarse ante la adversidad y seguir adelante con propósito. Estudios psicológicos recientes, como los de Carvalho, et. al. (2020), señalan que las personas resilientes no únicamente se recuperan del estrés, sino que crecen a partir de él.

Un caso significativo es el programa finlandés KiVa®, orientado a la prevención del acoso escolar, que ha demostrado mejorar no sólo el bienestar emocional de los estudiantes, sino también su capacidad de resiliencia ante conflictos interpersonales (Herkama & Salmivalli, 2021).

  • La flexibilidad cognitiva: Pensar diferente en tiempo real

Ser capaz de aprender, desaprender, y reaprender con rapidez, se convierte en una habilidad estratégica en un mundo donde el conocimiento caduca muy rápidamente. La flexibilidad cognitiva, que permite analizar los problemas desde múltiples perspectivas, fue identificada por el World Economic Forum (2020) como una de las competencias más buscadas para el año 2025 —una tendencia que se proyectará hasta el año 2050—.

  • La gestión emocional para el liderazgo y la colaboración

La capacidad de reconocer y de gestionar las propias emociones y entender las ajenas, no solamente favorece el bienestar personal, sino también la colaboración efectiva. En los actuales ambientes híbridos de trabajo o de la educación, esta habilidad reduce la fricción interpersonal y mejora la toma de decisiones. Empresas como Microsoft han implementado programas de liderazgo consciente basado en la inteligencia emocional (IE), mejorando así la confianza, la comunicación y el rendimiento de los equipos de trabajo (Goleman, 2017).

II. LA CURIOSIDAD, LA MENTALIDAD DE CRECIMIENTO, Y EL APRENDIZAJE CONTINUO

A medida que las tecnologías transforman los roles laborales y surgen nuevas profesiones, la curiosidad innata y el deseo de aprender continuamente se perfilan como fuerzas motrices del crecimiento profesional y personal.

  • La curiosidad: El motor del pensamiento creativo

La curiosidad es la semilla del pensamiento crítico, la innovación y el descubrimiento. Según un estudio de la Harvard Business Review, los colaboradores curiosos tienden a generar más ideas innovadoras, se sienten menos amenazados por lo diferente, y colaboran mejor (Gino, 2018).

Por ejemplo, Alphabet® (de Google™) promueve una cultura de innovación a través de su famosa política del “20% del tiempo”, que permite a los colaboradores dedicar una quinta parte del horario laboral a proyectos personales creativos. Esta práctica ha dado origen a productos revolucionarios como Gmail®, o AdSense®.

  • Una mentalidad de crecimiento

Carol Dweck, profesora de la Universidad de Stanford, popularizó el concepto de: “Mentalidad de Crecimiento”, que plantea que las habilidades pueden desarrollarse con esfuerzo y aprendizaje, no son innatas. Esta mentalidad es crucial para enfrentar desafíos largos típicos de proyectos científicos y/o de ingeniería, resolución de problemas sociales y desarrollo personal en entornos cambiantes.

Organizaciones educativas como KIPP® (Knowledge Is Power Program) han integrado la mentalidad de crecimiento como eje formativo central, mostrando mejoras sostenidas en el desempeño académico, y en la resiliencia emocional de los estudiantes.

  • El aprendizaje continuo: La educación como hábito cotidiano

En un mundo en donde se estima que el 85% de los trabajos para el año 2030 aún no existen (Institute for the Future, 2020), la capacidad de aprender de manera continua es esencial. Las credenciales tradicionales (licenciaturas, especialidades, maestrías y doctorados) están siendo complementadas —e incluso reemplazadas—, por modelos de micro credenciales, de autoformación, y por plataformas como Coursera™, EdX™, o Khan Academy™.

Por ejemplo, IBM™, tras automatizar procesos que dejaban obsoletas algunas funciones, optó por reconvertir a sus empleados a través de programas de aprendizaje constante con estrategias de mejora de habilidades y de reciclaje profesional (upskilling & reskilling), lo que redujo la rotación y mejoró la productividad (IBM SkillsBuild, 2023).

III. LA ÉTICA, LA CIUDADANÍA GLOBAL, Y LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EN LOS ENTORNOS DIGITALES

Por primera vez en la Historia, una buena parte de nuestras vidas ocurre en espacios digitales (93 al 95% de todo lo que se hace, está automatizado y/o sistematizado). Desde decisiones laborales hasta relaciones personales se desarrollan en plataformas interconectadas. En este contexto, la ética, la ciudadanía global, y la responsabilidad digital emergen como competencias imprescindibles.

  • La ética ante la inteligencia artificial (IA), y la automatización

A medida que proliferan los sistemas de inteligencia artificial (IA), surgen dilemas éticos ligados a la privacidad, a los sesgos algorítmicos, y a la deshumanización de los procesos. La habilidad de tomar decisiones éticas basadas en valores humanistas y sociales será crucial para quienes lideren equipos, diseñen software, y/o regulen sistemas.

Casos como el de Joy Buolamwini, investigadora del MIT Media Lab®, quien evidenció los sesgos raciales de sistemas de reconocimiento facial, subrayan la necesidad urgente de una total alfabetización ética desde edades tempranas (Buolamwini & Gebru, 2018).

  • La ciudadanía global, y el pensamiento intercultural

Los flujos de datos, de personas y, de ideas, atraviesan las fronteras físicas y culturales. Formar ciudadanos conscientes de su rol a nivel global implica desarrollar empatía intercultural, pensamiento pluralista, y responsabilidad compartida en temas como: El medio ambiente, la equidad social, y la gobernanza digital.

Un ejemplo destacado es el enfoque de “La Red Global de Aprendizaje” de HundrED®, que promueve buenas prácticas educativas centradas en la ciudadanía global y en la sostenibilidad en más de 100 países (HundrED, 2024).

  • La responsabilidad en los entornos digitales

El entorno digital, aunque aparentemente intangible, tiene consecuencias reales: Desinformación, violencia simbólica, acoso, manipulación emocional mediante “feeds” diseñados por algoritmos, y un muy largo etcétera. Educar en el pensamiento crítico digital, en la huella ética, y en la autonomía informacional, ya no es opcional.

El programa de alfabetización digital Be Internet Awesome® de Google™, orientado a los niños, es un caso de éxito en cómo integrar estas habilidades desde la educación primaria, enseñando seguridad, civismo digital, y prevención del ciberacoso (Google, 2023).

IV. CÓMO DISEÑAR EXPERIENCIAS EDUCATIVAS PARA QUE ESTAS HABILIDADES SE PRACTIQUEN, Y NO SOLAMENTE SE “ENSEÑEN”

El enfoque tradicional basado en la transmisión de contenidos se queda corto para desarrollar habilidades complejas como la resiliencia, el pensamiento crítico o la ética digital. Para preparar a las nuevas generaciones para el 2030-2050, es necesario transformar radicalmente el diseño pedagógico/andragógico.

  • El aprendizaje basado en retos reales (Challenge-Based Learning)

Este enfoque invita a los estudiantes a resolver problemas reales, en contextos auténticos, y con muy alto impacto social. Así se desarrolla simultáneamente la empatía, el pensamiento crítico, la colaboración, la creatividad, y la flexibilidad adaptativa.

La Universidad de Monterrey (UDEM) en México, ha implementado con éxito el Modelo CBL® con proyectos interdisciplinares que han transformado comunidades locales, como crear sistemas de captación de agua para zonas marginadas.

  • Role-play, simulaciones y el aprendizaje inmersivo

Las simulaciones de dilemas éticos, los juegos de rol interculturales, o los entornos virtuales permiten simular la toma de decisiones complejas en mundos controlados. La práctica reiterada en estos escenarios permite interiorizar las habilidades blandas.

En Noruega, la plataforma Kahoot!® se ha ampliado para incluir la narración de historias (storytelling), y escenarios interactivos que promueven el pensamiento ético en los jóvenes, mediante experiencias lúdicas.

  • La evaluación formativa centrada en los procesos

En lugar de calificar solamente productos (exámenes), se promueven rúbricas de evaluación narrativa, autoevaluaciones y portafolios de aprendizaje que permiten medir procesos, reflexiones, y mejoras continuas.

Organizaciones como New Pedagogies for Deep Learning® (NPDL) ya implementan este tipo de evaluaciones en miles de escuelas alrededor del mundo, incluyendo Colombia, Finlandia y Canadá.

  • La docencia como mentoría

El rol del docente muta desde el clásico transmisor de contenidos hacia facilitador y mentor, capaz de guiar procesos afectivos y cognitivos complejos. Implica desarrollar también las habilidades señaladas en los docentes mismos.

El Programa Teach for All”, presente en más de 60 países, capacita a los educadores para que actúen como líderes comunitarios, sean defensores del aprendizaje basado en valores, y constructores de redes de apoyo.

Conclusión:

Prepararse para los años 2030–2050 no equivale a adivinar el futuro, sino a diseñar conscientemente experiencias de aprendizaje que desarrollen las habilidades perennes y transferibles que permitirán prosperar en él. La resiliencia emocional, la curiosidad insaciable, la cultura ética, la colaboración global y la renovación continua del saber ya no son complementos, sino el currículo central. Dejar de enseñar las habilidades para comenzar a practicarlas, vivirlas y encarnarlas, es el mayor desafío —y la mayor oportunidad—, del sistema educativo actual y del futuro.

Hasta aquí con la cuarta entrega de este tema. La próxima semana, continuaremos con la quinta entrega, y que tratará los siguientes subtemas: “La alfabetización digital: más allá de saber usar los dispositivos”, “El pensamiento computacional y las nociones de la programación para los niños”, “La alfabetización de datos: leer, interpretar, cuestionar estadísticas y gráficos” y “La alfabetización mediática e informacional: distinguir información confiable y combatir la desinformación”, dentro del tema: “Las alfabetizaciones del futuro”. Reciban un saludo desde la Bahía de Banderas (Puerto Vallarta y la Riviera Nayarit). Y también deseo que tengan una extraordinaria cena de Nochebuena. Saludos cordiales y un gran abrazo a la distancia amigas(os) lectoras(es). (Continuará…)

Referencias:

Buolamwini, J. & Gebru, T. (2018). “Gender shades: Intersectional accuracy disparities in commercial gender classification”. Proceedings of Machine Learning Research, 81, p.p. 1-15. Recuperado de: https://proceedings.mlr.press/v81/buolamwini18a.html (Consultado en diciembre del 2025).

Carvalho, R.; Pinto, A. M. & Marques, M. M. (2020). “Building resilience in students: Research and practical guidelines”. Journal of Education and Development, 4(2), p.p. 10–20. Recuperado de: https://doi.org/10.20849/jed.v4i2.761 (Consultado en diciembre del 2025).

Dweck, C. (2007). Mindset: The new psychology of success. USA: Random House.

Gino, F. (2018). “The business case for curiosity”. Harvard Business Review. Recuperado de: https://hbr.org/2018/09/the-business-case-for-curiosity (Consultado en diciembre del 2025).

Goleman, D. (2017). Emotional intelligence: Why it can matter more than IQ. USA: Bantam.

Google. (2023). Be Internet awesome. Recuperado de: https://beinternetawesome.withgoogle.com/ (Consultado en diciembre del 2025).

Herkama, S. & Salmivalli, C. (2021). “Preventing bullying with KiVa: The Finnish experience”. Scandinavian Journal of Psychology, 62(5), p.p. 555–564. Recuperado de: https://doi.org/10.1111/sjop.12748 (Consultado en diciembre del 2025).

HundrED. (2024). Global collection 2024: Inspiring innovations in education. Recuperado de: https://hundred.org/en/collections (Consultado en diciembre del 2025).

IBM. (2023). SkillsBuild: Upskilling the global workforce. Recuperado de: https://skillsbuild.org/ (Consultado en diciembre del 2025).

Institute for the Future. (2020). Future work skills 2030. Recuperado de: https://www.iftf.org/futureworkskills (Consultado en diciembre del 2025).

World Economic Forum. (2020). The future of jobs report 2020. Recuperado de: https://www.weforum.org/reports/the-future-of-jobs-report-2020/ (Consultado en diciembre del 2025).

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