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Al filo de la banqueta. MÉXICO, LUGAR 15 DEL MUNDO: LA ILUSIÓN DE CASA Y LA DUDA DE SIEMPRE

Superar la fase de grupos en el Mundial 2026 parece lógico. Alcanzar los octavos de final entra dentro del estándar mínimo. Pero hablar de cuartos sigue siendo internarse en una zona gris


🖋 El Poeta del Desastre  

México llegará a 2026 con un privilegio que pocos tienen: ser local. Pero nunca falta un pelo en la sopa, dice la sabiduría popular. Lo hace instalado en el puesto 15 del ranking FIFA, una posición que dice mucho y al mismo tiempo esconde un poquito más.

La cifra es engañosa. Habla de una selección que ha encontrado estabilidad, pero que sigue atrapada en la llamada “clase media” del futbol internacional, lejos de las potencias que imponen condiciones y marcan la pauta. México tiene cimientos, sí, pero no damos el estirón.

En la teoría, la fase de grupos no debería representar un dolor de cabeza. Ninguno de los rivales directos supera al Tri en el ranking. Son selecciones con oficio y orden, pero sin el peso histórico ni la profundidad de plantilla de los gigantes de la UEFA o la Conmebol.

Por eso, avanzar no sería un mérito: sería una obligación. Quedarse en el camino, incluso con el respaldo de su gente, no podría venderse como tropiezo. Sería un fracaso, sin máscara posible, sin maquillaje que lo pudiera ocultar.

Pero el lugar 15 también es un arma de doble filo. Estar ahí significa que México puede competir, no que pueda dominar. Sí, suele ganar los partidos que “debe” ganar, pero sufre ante cualquier rival que sepa aprovechar un error puntual.

Y ahí aparece la pregunta de siempre: ¿qué ocurrirá cuando el torneo suba de nivel y el margen de error desaparezca?

Superar la fase de grupos parece lógico. Alcanzar los octavos de final entra dentro del estándar mínimo. Pero hablar de cuartos sigue siendo internarse en una zona gris.

El problema no es únicamente el talento, sino esa combinación recurrente de irregularidad emocional y dificultades para sostener el ritmo cuando los grandes pisan el acelerador. En esas instancias, el factor local se diluye. El ranking deja de proteger.

Bajo esta óptica, la afición camina entre la ilusión y el escepticismo. Hay ganas de fiesta, pero también hay memoria.

Los mundiales recientes han dejado lecciones claras: jugar en casa no garantiza, pues “jugamos como nunca y perdimos como siempre” parece ser la eterna trampa en la que caemos. 

El Mundial 2026 será, más que una celebración, un examen de madurez. Estar en el top 15 es un punto de partida aceptable, nada más.

La moneda está en el aire: o México rompe, por fin, su techo de cristal, o se conforma con ser el anfitrión que puso la casa… y se despidió justo cuando el torneo se puso serio.

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