Abrir puertas a las nuevas generaciones musicales

• “Pienso que una vida dedicada a la música es una vida bellamente empleada, y es a eso a lo que he dedicado la mía”: Luciano Pavarotti (1935-207)
🖋 Verónica Bracho Alburquerque
La música, al igual que el resto de las artes, nos complementa y nos ofrece un sentido de vida, ya sea como instrumentistas o como espectadores. La música nos transporta a otros lugares e incluso podemos decir sin llegar a la exageración que nos hace trasportarnos a otras dimensiones.
Recuerdo a un amigo muy querido que en su tránsito hacia el cielo pidió que su entierro tuviera como fondo musical la canción “Nunca te enamores de un ferrocarrilero” y su amiga más cercana le cumplió ese deseo.
Pero dejando estas melancolías, hoy quiero hablarles de un joven de 25 años que es toda una promesa en la música y en la composición. Su nombre: Gerardo López Bracho. Lo que más destaca de él es que es autodidacta, pues su profesión es del área de las ciencias exactas -licenciado en Física-, pero desde muy pequeño ha tenido una gran sensibilidad para la música.
Nos platica Gerardo que desde muy pequeño iba con su madre y su hermanito a los conciertos de los viernes de la Orquesta Sinfónica de la UAEH (Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo), y mientras su mamá y hermano escuchaban la música sentados en sus lugares, él se dedicaba a correr alrededor del recinto.
Nunca recibió un regaño, pues no hacía ruido, todo estaba alfombrado y sigue así el lugar de música de Ceuni.
Él corría, pero escuchaba la música. Más tarde estudió en el Colegio Hidalgo la primaria y ahí recibió clases con un excelente profesor de música, Obed Martínez Olivares. En la memoria de Gerardo recuerda con especial afecto cuando su grupo de música se presentó en el Tecnológico de Monterrey campus Pachuca, con el maestro Obed, y él para alcanzar y sostener el contrabajo -tenía nueve años- estaba parado en una silla y daba el ritmo y las pausas a la música con sus compañeros.

Posteriormente, durante la secundaria y la preparatoria asistió a la Escuela de Artes para estudiar piano. Sin embargo, en su hogar comenzó a explorar de forma autodidacta la guitarra, la armónica y el bajo, mientras perfeccionaba su técnica en el teclado.
Actualmente aprende a tocar el saxofón por cuenta propia, aunque indiscutiblemente el piano sigue siendo su mayor fortaleza. Sus tardes transcurren entre acordes y trazos, pues también se dedica al dibujo, un arte que desarrolla con gran profesionalismo y de manera igualmente autónoma.
En la preparatoria, en un proyecto solicitado por la escuela, realizó una entrevista al maestro Gaetan Kutcha, quien fuera por varios años director de la Orquesta Sinfónica de la UAEH e hizo brillar la orquesta con su dinamismo.
Esa entrevista marcó a Gerardo y lo hizo acercarse aún más a la música y despegar en la universidad, cuando empezó a componer y a tocar con sus compañeros de licenciatura en fiestas y reuniones.
Terminó la universidad y su gusto aumentó, lo cual hizo que se uniera al grupo musical “Jardín Carmesí” con jóvenes talentosos de la música.
Para Gerardo es muy difícil elegir un género musical, pues le gusta todo: tango, jazz, trova, rap, entre otros muchos. Sus composiciones van desde canciones a su ciudad natal (Pachuca), como a los bosques que rodean a su tierra, a películas que lo han conmovido y al amor. También se ha presentado como solista en cafeterías de Pachuca y en eventos culturales en Tulancingo.
Gerardo destaca tanto en el área de las ciencias exactas como en el arte, pero como bien citaba el gran Luciano Pavarotti, vivir en la música es una vida bellamente empleada, y Gerardo lo descubrió desde muy pequeño.
Abramos las puertas a los jóvenes, especialmente cuando tienen el talento para brillar. Abrazos.







