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Al filo de la banqueta. GRECIA QUIROZ, ENTRE EL FUEGO DEL PODER Y LA VIOLENCIA. PLAN MICHOACÁN ¿CONTENCIÓN O JUSTICIA?

Uruapan va más allá del espanto inmediato; saca a la luz la fragilidad del orden político local y la ineficacia de la estrategia de seguridad


🖋 El Poeta del Desastre

El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, no solo cimbró a Michoacán. Golpeó directamente al corazón del poder civil en México. En una plaza pública, a plena luz del día, la violencia volvió a recordarnos quién dicta las reglas en vastas regiones del país: no el Estado, sino el crimen.

Uruapan va más allá del espanto inmediato; saca a la luz, a la par, la fragilidad del orden político local, la ineficacia de la estrategia de seguridad amén del cruce de los intereses políticos que ello genera, además de los económicos que se insertan en el orden geoestratégico que da forma a la realidad michoacana.

Hoy, ya hay un elemento más, emergente desde el gobierno federal, que quedó más que expuesto ante la población, y que es el llamado Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo; una inversión de más de 57 mil millones de pesos y más de 100 acciones integrales para la reconstrucción del tejido social y la pacificación del estado.

El tema se desdobla así en mensajes tácitos más que encubiertos, en símbolos que afectarán la sucesión de 2027; en la recomposición económica alrededor del llamado “oro verde”, sí, el aguacate y sus derivados que le dan un valor agregado que lo mete en una mayor disputa; en una vorágine que pareciera llevar a Uruapan, y con ello arrastrar a Michoacán, a una especie de prueba de laboratorio, la primera de Claudia Sheinbaum, para decir que puede recuperar el poder civil en escenarios dominados por la violencia.

Si Carlos Manzo representaba una voz incómoda por sus señalamientos de complicidad y falta de apoyo por parte del Estado, su asesinato nos significa la respuesta: el que no se somete, muere. Así sin cortapisas. Ya van más de 90 funcionarios víctimas de la violencia política; los municipios parecen tierra de nadie: gobiernos que sobreviven entre el miedo, los pactos forzados y la pura resistencia.

Y en ello viene el plan federal, que de entrada ya se posiciona con dos aristas, al menos así lo percibe la opinión pública: ¿Contención o justicia?

Fue la indignación social la que puso contra la pared a la presidenta Sheinbaum, quien hoy busca reacomodar su narrativa: “No están solos. Su presidenta y todo el gobierno de México los respaldan”.

Seguridad con bienestar, políticas sociales y control territorial son la médula del Plan Michoacán, que tiene 37 mil millones de pesos en programas del Bienestar para 2026, que apuestan a la anhelada “paz con justicia”.

El Plan Michoacán busca articular seguridad con bienestar, mezclando políticas sociales con control territorial. Los 37 mil 450 millones de pesos en programas de Bienestar para 2026 representan la apuesta más visible por una “paz con justicia”.

Pero la historia reciente ya nos ha enseñado que los grandes planes, sin una verdadera presencia del Estado en tierra, se quedan en eso: diagnósticos, reuniones y pura burocracia. Si el plan no logra quitarle el control a la delincuencia en los municipios, todo el “billete” será meramente un parche.

El tema de la sucesión se colocó en el orden de los primeros sitios, porque de todos es sabido que el poder nunca queda vacío. Grecia Quiroz, viuda electa como sustituta, reacomoda el tablero para 2027, sobre todo en el partido guinda y sus aliados; el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla sufrirá entre resultados en materia de seguridad y el desgajamiento de su base política.

Mientras la oposición -PRI, PAN y sectores empresariales- ya juega con su propio discurso: el abandono federal y su incapacidad para enfrentar y combatir la inseguridad. Especie que podría poner en la balanza seguridad vs bienestar.

A todo ello súmele que Uruapan es, con el aguacate, el epicentro de una “fábrica de dólares”, pues este producto agrícola mueve muchos más billetes verdes que muchas industrias nacionales; agregándole picante para hacerlo “guacamole”; sin seguridad probablemente no les den la certificación de seguridad agroindustrial exigida por Estados Unidos.

Se ha escuchado entre las voces de la economía, la sabiduría popular y hasta los grandes analistas la frase de que “la violencia no solo mata personas, sino grandes contratos comerciales”. Ello, a pesar de que el Plan Michoacán prevé la integración de sectores productivos, pero el silencio medido, meditado de los aguacateros, parece decir que ven más que justicia, que las fronteras sigan abiertas al negocio.

La ejecución de Manzo y la violencia en la zona ya pegaron en la confianza, en la venta de productos y hasta en la cooperación con Estados Unidos. Con la llegada de Quiroz y el nuevo plan federal, el mensaje de fondo es claro: decirle a Washington y a los mercados que el Estado mexicano todavía aguanta, que sigue de pie.

Hoy el simbolismo de la asunción como nueva presidenta municipal de Uruapan se significa como la resistencia civil ante el salvajismo, independientemente de que el duelo tenga que derivar en gobierno. Así su encrucijada: o es seguridad y transparencia o será solo palabras y, una vez más, la cotidianidad impuesta por el miedo.

Sí, el dilema del Plan Michoacán y la esperanza sembrada hoy por Grecia Quiroz vuelve a plantear la interrogante que lastima: ¿Quién gobierna en México? ¿Votos, billetes o el plomo?

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