¿Cuánto dura el entusiasmo de iniciar un año nuevo?

• Cierra los ojos, piensa en todo lo que te hizo sonreír en el año que termina, olvídate de lo demás. Ojalá esas sonrisas se multipliquen por mil. Feliz año nuevo 2026
🖋 Verónica Bracho Alburquerque
Llega diciembre y casi por inercia caemos en el mismo ritual: una lista de propósitos cargada de buenas intenciones que para mediados de febrero suele terminar en el olvido.
¿Por qué nos cuesta tanto cumplir lo que nos prometemos? La respuesta es simple: nos enfocamos en el qué (la meta), pero ignoramos el cómo (el sistema). Para que 2026 no sea una repetición del año anterior, necesitamos una nueva estrategia: tener menos deseos y más estructura.
1. LIMPIAR EL TERRENO: LA AUDITORÍA PERSONAL
Lograr un cambio real requiere realizar una auditoría de nuestra vida. No se trata de martirizarnos ni de echarnos culpas; se trata de ser críticos con nuestros actos y emociones para evitar repetir patrones negativos. Un excelente ejercicio es identificar una sola cosa que drenó tu energía en 2025 y decidir qué pequeño sistema (una acción de apenas cinco minutos) vas a crear para que no se repita en enero.
2. ANALIZAR NUESTRO ENTORNO
Revisa tu agenda: ¿qué actividades o personas te dieron vitalidad y cuáles te dejaron exhausto? Tu tiempo es limitado; no lo regales en espacios o a personas que no lo valoran.
Tanto las lecciones positivas como las negativas nos ofrecen un aprendizaje. Asimismo, es vital observar nuestras “fugas”: detectar a qué le dedicamos más tiempo del debido (redes sociales, compromisos vacíos, exceso de trabajo). Debe existir un balance para sellar esas fugas.
3. DESPEDIR LOS PROPÓSITOS Y DAR LA BIENVENIDA A LOS SISTEMAS
Un propósito vive en el futuro y suele generar ansiedad; un sistema vive en el presente y genera resultados. Es preferible decir “voy a escribir 10 páginas diariamente” que decir “voy a escribir un libro”. Los sistemas son esos pequeños hábitos diarios diseñados para lograr un objetivo mayor. La meta debe transformarse en una acción tan pequeña que no requiera de una gran fuerza de voluntad; es la constancia, y no la intensidad, lo que nos hará cumplir nuestro objetivo.
4. LOS RITUALES DE FIN DE AÑO: EL PUENTE EMOCIONAL
Los rituales son para muchos lo mejor del año nuevo, pues funcionan como un puente emocional que nos ayuda a cerrar ciclos. Alrededor del mundo, la humanidad busca esa “ayudita extra” a través de tradiciones sencillas o curiosas. Llevarlas a cabo genera entusiasmo y seguridad; sean científicas o no, la propia fantasía nos alegra y nos devuelve la fe.
Existen muchísimos rituales en redes sociales: comer lentejas para la abundancia, salir con una maleta a medianoche para atraer viajes, usar ropa interior roja para el amor o limpiar profundamente la casa para que entre la buena energía.
Estas tradiciones no son exclusivas de México; en todo el mundo existen prácticas fascinantes. En Brasil, por ejemplo, miles de personas van a la playa vestidas de blanco para saltar siete olas y pedir un deseo por cada una. En Panamá se queman muñecos de trapo que representan lo negativo del año que termina, y en Dinamarca, romper platos viejos contra la puerta es señal de buena suerte y amistad.
En Japón tocan 108 veces las campanas en los templos budistas para purificiar los deseos mundanos. En Filipinas todo debe ser redondo (ropas de lunares, frutas redondas en la mesa) para atraer la prosperidad económica.
EQUILIBRIO ENTRE MAGIA Y ACCIÓN
Los rituales de fin de año son la chispa inicial, pero tus sistemas son el combustible que te mantendrá en movimiento. Este año, usemos el misticismo para inspirarnos y los sistemas (esos pequeños hábitos diarios que diseñaste) para lograr lo que queremos.
Al final del día, el mejor amuleto para la buena suerte es una mente clara, un optimismo real, un plan que no dependa del azar y una sonrisa.
¡Feliz año nuevo 2026, queridos lectores!






