El Sistema Nacional de Competencias: una alternativa para el desarrollo económico de las personas en México (parte 6)

“Si vas a hacer el mal, por favor hazlo bien”: David Moisés Terán Pérez
David Moisés Terán Pérez *
Estimadas(os) lectoras(es) de esta columna invitada semanal. Nuevamente le saludo cordialmente, esperando continúen extraordinariamente bien.
Hoy, siguiendo con el tema que trata con el Sistema Nacional de Competencias desarrollaremos todo lo relacionado con el Sistema Nacional de Clasificación de Ocupaciones (SINCO), el cual constituye el documento de consulta y de apoyo para ordenar y describir las ocupaciones que se realizan en la República Mexicana.
Esta información es básica para la planeación y la toma de decisiones en materia de empleo, de educación y de salud; contribuyendo a prever la formación educativa y de capacitación, así como al establecimiento de condiciones de trabajo y de políticas de mano de obra con base en el conocimiento de cuántos trabajadores demandan empleo, su descripción ocupacional y su ubicación geográfica, entre otras características; así como para apoyar la intermediación laboral, facilitando la vinculación entre la oferta y la demanda en el proceso de búsqueda y de obtención de empleo.
Con ello se responde al propósito del Sistema Nacional Estadístico y de Información Geográfica (SNIEG), de generar e integrar la información estadística y geográfica de interés nacional bajo normas y conceptos homogéneos, con el objetivo de proporcionar el servicio público de información.
La información sobre ocupaciones es utilizada para dos fines principalmente. En primer lugar, difundir estadísticas que se obtienen de los censos de población, encuestas en hogares y en otras fuentes; y segundo, sustentar políticas de empleo y de programas de búsqueda y de oferta de trabajo, de observatorio y de análisis del mercado laboral.
En general, todos los gobiernos cuentan con un sistema de estadísticas que incluye aspectos demográficos, económicos y sociales, lo que lo hace imprescindible para la planeación, la toma de decisiones y la investigación de los procesos económicos y sociales de todas las naciones. Los datos sobre la ocupación principal tienen múltiples usos, entre otros los siguientes:
Como un servicio público de información, mediante el cual las personas puedan conocer el panorama ocupacional del país en términos de las tareas, las funciones y/o las responsabilidades que demanda cada empleo, oficio y/o puesto de trabajo; así como los perfiles y las características de trabajo para las profesiones más representativas a nivel nacional, y para cada una de las 32 entidades federativas del país (Recuperado de: http://www.observatoriolaboral.gob.mx/wb/ola/ola_principal).
La planificación de la mano de obra o manufactura (entendida como la búsqueda de un equilibrio entre la oferta y demanda de personal), donde resulta fundamental considerar los cambios en los entornos educativo y laboral, para realizar los ajustes necesarios (Recuperada de: http://www.ilo.org/public/spanish/bureau/stat/download/melsisco/report.pdf).
La planificación educativa, esto es, determinar los requerimientos mínimos de educación, tanto para que la economía pueda funcionar de acuerdo con las exigencias actuales del mercado, como para que las personas puedan acceder a ocupaciones formales bien remuneradas, pues a medida que aumenta el nivel de desarrollo de un país mayor importancia adquieren los antecedentes educacionales.
La intermediación laboral, esto es, colaborar con los empresarios en la selección de candidatos para cubrir sus ofertas de empleo y al mismo tiempo ofrecer a los demandantes de empleo nuevas oportunidades para acceder al mercado laboral.
La elaboración y la presentación de informes de accidentes industriales, así como la administración de indemnizaciones por accidentes de trabajo y/o por enfermedades profesionales.
La gestión de la migración relacionada con el empleo, para facilitar la contratación en origen de los trabajadores y de las trabajadoras extranjeras para, de esta manera, contribuir a regular racionalmente los flujos migratorios y a una inserción laboral ordenada de la población inmigrante.
La realización de análisis y estudios en diferentes esferas: psicológica, para conocer la relación entre las ocupaciones y la personalidad de los trabajadores; epidemiológica, en tanto se aprovecha la información sobre ocupaciones para profundizar en la relación entre la mortalidad y la morbilidad; sociológica, en la que constituye una variable central para el estudio de las discrepancias entre estilos de vida, comportamiento y posiciones sociales; económica, para analizar las diferencias en la distribución de los ingresos y de las ganancias, o bien de los desequilibrios entre la oferta y la demanda en los distintos mercados de trabajo.
Sobre esto último, es preciso reconocer que el trabajo es uno de los terrenos que recibe más atención para esclarecer las desigualdades sociales, incluidas las existentes entre mujeres y hombres, dado su carácter estratégico, respecto del acceso al bienestar, al consumo y a una serie de bienes y/o de cualidades escasos(as), como lo son la autoridad y el poder. De ahí que la ocupación principal sea una de las variables primordiales consideradas por los estudios con enfoque de género y los de estratificación social, pues permite conocer de manera concreta, las actividades que realizan las mujeres y los hombres que están insertos en el mercado laboral (Barozet, 2007).
La puesta al día de una clasificación de ocupaciones reviste singular importancia porque permite asegurar que refleje fielmente el mapa ocupacional de un país, constituye una base imprescindible y certera para informar, comparar e intercambiar datos estadísticos y administrativos para la planeación pública y privada en materia de empleos, educación y formación profesional, la orientación y la vinculación laboral; así como para hacer visibles las inequidades sociales y de género, entre otras cuestiones.
Los cambios sociales y económicos modifican la estructura ocupacional y limitan continuamente la capacidad de cualquier clasificación particular de reflejar esta estructura. La actualización continua es por lo tanto necesaria, y depende de identificar los cambios en la estructura ocupacional en un cierto lapso o periodo.
La base del SINCO son las ocupaciones, entendidas cada una de ellas como “El conjunto de tareas y de cometidos desempeñados por una persona, o que se prevé que ésta desempeñe, incluido para un empleador o por cuenta propia” (OIT, 2020).
Para ordenarlas, es preciso identificar cuáles comparten características comunes y cuáles no, lo que permite establecer una serie de grupos y, por consecuencia, empezar a dar orden dentro de un universo que de otra manera sería caótico.
Los grupos resultantes son los que denominamos “la ocupación”. Esto es: “Un conjunto de trabajos cuyas principales tareas y cometidos se caracterizan por tener un alto grado de similitud” (OIT, 2020), independientemente del lugar donde se desempeñe el empleo, y de las relaciones que establezca con los demás agentes que participan en el mercado laboral.
Al igual que con los empleos, las ocupaciones son agrupadas en conjuntos más amplios, y la forma en que se agrupan es el resultado de reunirlos según “la naturaleza del trabajo que realiza”. Ésta se entiende como: “Los rasgos contextuales y esenciales de las ocupaciones, como finalidad, funciones, tipo de procedimientos, bagaje de conocimientos, posición en el proceso de producción, variabilidad de actividades, autonomía, etcétera” (OIT, 2020).
Otro elemento sustancial en la conformación de los grupos es el concepto de competencia, entendido como “La capacidad para llevar a cabo tareas y cometidos correspondientes a determinado empleo” (OIT, 2020).
En términos generales, la competencia implica la capacidad de aplicar una serie de atributos para trabajar en diferentes contextos y bajo diferentes situaciones; es decir, los conocimientos se combinan con las habilidades para desarrollar ciertas capacidades, como son: la de comunicarse con los compañeros y con los clientes; la de negociar e intercambiar informaciones; la planificación y el trabajo en equipo; para la lectura y la escritura, así como para el de cálculo; las habilidades para la operación de maquinaria y/o equipo especializado, entre muchas otras.
Este concepto se operacionaliza en dos criterios: el nivel de competencias y la especialización de las competencias.
El primer criterio se utiliza principalmente para conformar el nivel de mayor agregación de la clasificación (división) y se define en función de la complejidad y de la diversidad de las tareas y de los cometidos que se desempeñan en una ocupación.
Dicha complejidad se mide básicamente por niveles de competencias que previamente están establecidos por la Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones (CIUO), de manera que cada nivel está determinado de acuerdo a ciertas exigencias, tareas y requerimientos inherentes a las ocupaciones, y que se fijan en función de analizar nuevamente la naturaleza del trabajo y el nivel de formación, ya sea formal e/o informal.
La próxima semana concluiremos con este tema del Sistema Nacional de Competencias, estableciendo los cuatro niveles en los que opera el SINCO en México, así como con ejemplos de posibles cursos de habilidades rentables que pueden ser ofertados en el país. (Continuará…)
Referencias
Barozet, Emmanuelle. (2007). La variable ocupación en los estudios de estratificación social, Fondecyt 1060225. Documento de trabajo. Recuperado de: http://www.desigualdades.cl/wp-content/uploads/2009/05/ocupacion.pdf (Consultado en agosto del 2021).
Organización Internacional del Trabajo. (2020). Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones (CIUO). “Cuestiones de metodología relacionadas con el desarrollo, utilización, mantenimiento y revisión de las clasificaciones estadísticas”. OIT. Recuperado de: http://www.ilo.org/public/spanish/bureau/stat/isco/docs/intro5.htm#ancre5 (Consultado en agosto del 2021).






