¿Hacia dónde van los niños?

• En el asesinato de una adolescente en una pelea entre compañeras, es sencillo crear culpables y no observar el entorno de este cruel y terrible evento
Verónica Bracho Alburquerque *
Los medios de comunicación informaron en estos días el caso de una pelea en la que participaron dos menores de edad y una de ellas perdió la vida.
Es muy fácil responsabilizar a una escuela del asesinato de una adolescente en una pelea entre compañeras. Seguramente también querrán culpar a los profesores de que los estudiantes grabaran la pelea y motivaran a la agresora a seguir golpeando a la otra niña, y también debe ser culpa total de la directora del acoso escolar que sufría la menor por su color de piel. Es sencillo crear culpables y no observar el entorno de este cruel y terrible evento.
Este horrible caso debe ser tomado como un reflector de luz roja muy potente, ante esta sociedad, para darnos cuenta de que esta generación de adolescentes (la generación Alfa) que hemos creado se presenta ante nosotros sin empatía, sin uso de valores y con un tremendo egoísmo.
Estamos ante unos menores de edad que no tienen límites en su comportamiento, que se pueden pasar las horas ante un celular sin ninguna llamada de atención ni de preocupación por parte de los padres; recibiendo información que no es adecuada a su edad, con contenidos sexuales y de muy alta violencia, con la exaltación a la maldad de los grupos delictivos (apología al crimen). Estamos ante familias en las que figura paterna no existe y la figura materna no está en casa por estar laborando.
Por otra parte, están las medidas ilógicas de los derechos humanos, coordinándose con la SEP para no actuar con disciplina ante los grupos escolares, pues “alteran y violan” los derechos de un menor de edad: así tenemos que no se puede castigar a un alumno porque se puede traumar; tampoco se puede dejarlo sin receso, ya que eso va contra su acto de libertad; “la operación mochila” viola sus pertenencias personales; para poner cámaras de seguridad se debe tener autorización de los padres, y cuando sucede algo abominable, como el caso objeto de este artículo, la sociedad se indigna y se pregunta: ¿Por qué no hizo nada el director y/o el personal docente?
Y ante esto se podría contestar con otra pregunta: ¿Será porque les han quitado toda la autoridad a los directivos escolares? Y no se puede dejar de lado la falta de preparación de los maestros para saber conducir estos problemas. Faltan cursos y capacitaciones para encauzar y detectar los problemas mentales y de violencia que atraviesan los estudiantes.
Otro dato para llamar la atención es el que ni los padres ni los familiares ni los docentes pudieron percatarse del estado anímico de la niña asesinada. Una menor de edad que sufre de acoso escolar lo refleja en su comportamiento.
Lo mismo ocurrió con la agresora. ¿En dónde queda la comunicación entre padres e hijos y la observación del comportamiento de los alumnos por parte de los docentes? Tampoco se puede dejar de lado a la seguridad pública. Los policías, la Guardia Nacional, deben hacer sus rondines en los horarios de salida de los estudiantes. En la práctica, es nulo el apoyo del cuerpo policiaco en las escuelas, sólo se les ve en las carreteras para extorsionar al conductor de alguna grúa, a los traileros o a los vehículos que tengan placas de otros estados.
Nuestra sociedad es de las más racistas del mundo, porque nos discriminamos a nosotros mismos, y el hecho de que esta menor hay sufrido rechazo desde que estaba en la primaria, por su color de piel, nos habla de la severa ignorancia y prejuicios en la que está sumergida esta “sociedad” mexicana. Es la más terrible burla ¡cuando somos un país de gente morena! La pigmentocracia es un tema del que trataremos posteriormente, en otro artículo.
Y todo esto no terminaba aún, porque las noticias informaron que la madre y la hija asesina ya estaban huyendo del país. El solapamiento para encubrir a los hijos es detestable, al igual que los otros adolescentes que se quedaron grabando en lugar de parar la pelea.
El mal uso de los teléfonos celulares, la música con mensajes de total miseria intelectual, redes sociales como TikTok, el desuso de los valores y la pornografía están a la mano de los adolescentes con el apoyo y el encubrimiento de los padres, la ausencia de autoridad en las escuelas por parte del mismo gobierno, la indiferencia de los cuerpos policiacos, la misma falta de educación de los estudiantes y de un proyecto positivo de vida que acarrea la desgracia.
Ahora, quizá sólo nos quedaremos con ver cómo dejan libre a una criminal por su corta edad, una escuela secundaria satanizada y una menor muerta que no fue atendida ni por sus padres ni por su escuela ni por los policías.
Pero que siga la producción de violencia y de basura para el consumo de los adolescentes y de los jóvenes. ¡Al fin que esa es la ganancia de las grandes cadenas!






