Las diferencias educativas entre las culturas oriental y occidental en el siglo XXI (parte 10)

“La creatividad requiere tener el valor de desprenderse de las certezas”: Erich Fromm
David Moisés Terán Pérez *
Estimadas(os) lectoras(es) de esta Columna Invitada semanal. Buenos días. Le deseo a ustedes como ya es nuestra bonita y sana costumbre semanal: ¡Un extraordinario, productivo, genial, excelente, y muy feliz martes! Hoy, continuaremos el contenido para esta muy interesante, y reflexiva saga; considerando que el próximo Martes, cerremos con el tema, haciendo algunas reflexiones. Comencemos: Los genios, aunque nazcan con una inteligencia extraordinaria, no producen inventos transformadores para la humanidad por sí solos, sino solamente cuando están rodeados de mentores, de colaboradores y de competidores; y cuando fueron apoyados por su familia, y tuvieron una educación propicia. Y cada vez más, la innovación es un proceso colaborativo, y cada vez menos, el producto de un acto de genialidad individual.
Incluso, Albert Einstein, el primer nombre que nos viene a la cabeza cuando pensamos en un genio, fue producto de un entorno colaborativo. Albert Einstein empezó a hablar a los cuatro años, fue un estudiante mediocre y sólo pudo lograr escribir sus trabajos científicos gracias a la ayuda temprana de su tío Jacobo, y de otros mentores que lo ayudaron y lo estimularon en su juventud. Y, según la profesora Vera John-Steiner, autora del texto: “La Colaboración Creativa”, hay fuertes indicios de que la primera esposa de Einstein —Mileva Maric—, fue una gran ayuda en sus investigaciones iniciales. Las cartas de amor entre ambos, muestran que Einstein y Maric, que habían sido compañeros en el Instituto Politécnico Suizo, “Compartían un sueño de intereses comunes y colaboración científica” (John-Steiner, 2013; p. 52).
Al igual que Einstein, la mayoría de los grandes innovadores científicos, tecnológicos y artísticos, fueron el resultado de un proceso colaborativo. Incluso Pablo Picasso —otro genio comúnmente visto como un creador solitario que rompió con todos los parámetros de su época—, fue el resultado de un proceso de interacción con sus pares.
Aunque la Historia lo recuerda como el padre del movimiento cubista, Picasso se benefició enormemente de su estrecha amistad y colaboración con el artista Georges Braque. El propio Picasso confesó —muchos años después—, que: “Casi todas las tardes iba al estudio de Braque, o Braque me venía a la mente. Cada uno de nosotros tenía que ver lo que el otro había hecho durante el día. Nos criticábamos las obras de cada uno. Una tela no estaba lista, hasta que el otro le diera su visto bueno” (John-Steiner, 2013; p. 58).
Lo mismo —o más—, ocurre con los innovadores tecnológicos de nuestra época, como Gates, Jobs, Bezos o Zuckerberg. La mayoría de nosotros admiramos a Zuckerberg por haber inventado Facebook™ (ahora Meta™), pero su empresa fue una variante innovadora de otras que la antecedieron, como Friendster y MySpace. Como lo señalan autores como Steiner, Florida, Wadhwa —y varios otros estudiosos de la creatividad y de la innovación—; la idea del genio solitario es un mito. Las grandes innovaciones no son chispazos de genialidad en medio de la nada, sino que son el resultado de mentes creativas, que se nutren de otras mentes innovadoras y altamente creativas, en ciudades y/o en vecindarios llenos de energía creativa, que generalmente experimentan incansablemente nuevas tecnologías, toleran los fracasos, y tienen la audacia necesaria para imponer sus invenciones ante miles de obstáculos (Oppenheimer, 2014).
Finalmente, y para concluir esta saga comparativa entre los modelos educativos de Oriente y de Occidente, veremos lo relacionado a las patentes. Las oficinas situadas en Asia, representan alrededor de dos tercios de la actividad mundial sobre el registro de patentes, de marcas y de diseños industriales, y casi toda la actividad relativa a los modelos de utilidad a nivel mundial.
En el último decenio, en Asia ha aumentado considerablemente la proporción de solicitudes de registro de los cuatro derechos de Propiedad Intelectual, respecto al total mundial. Cabe observar que las oficinas de América del Norte no prestan servicios de registro de modelos de utilidad en la actualidad. En el año 2019, el total estimado de patentes en vigor ascendía a aproximadamente 15 millones. Las cifras más altas se registraron en los Estados Unidos de América (3.1 millones), China (2.7 millones), y Japón (2.1 millones). De los 58.2 millones de registros de marcas en vigor en todo el mundo, el mayor número en vigor correspondió a China (25.2 millones), seguido de los Estados Unidos de América (2.8 millones), la India (2 millones), y Japón (1.9 millones). Asimismo, China contó con el mayor número de registros de diseños industriales en vigor, el 44% del total mundial. Además, China representó el 94.2% de todos los modelos de utilidad en vigor (OMPI, 2020).
En conjunto, las cinco principales oficinas representaron el 84.7% de los 3.2 millones de solicitudes de patente presentadas en todo el mundo en el año 2019. Esta cifra es 8.3 puntos porcentuales más alta que la correspondiente a 2009 —diez años antes—. Solamente la oficina de China, recibió el 43.4% del total mundial, tal como lo muestra la Fig. 1. También es importante establecer que en el año 2019, la Oficina de la Propiedad Intelectual en China, recibió 1.4 millones de solicitudes de patente, más del doble de las recibidas por la oficina de los Estados Unidos de América.
China (1 376 000), fue seguida por las oficinas de los Estados Unidos de América (621 453), de Japón (307 969), la República de Corea del Sur (218 975), y la Oficina Europea de Patentes (OEP) (181 479). Entre las diez oficinas principales, las de la India (+7.1%), la República de Corea (+4.3%), los Estados Unidos de América (+4.1%), y la OEP (+4.1%) experimentaron un fuerte aumento en las solicitudes recibidas en ese año 2019.

La sigla OEP: Es la Oficina Europea de Patentes.
Fig. 1. Porcentaje del total de solicitudes de patente presentadas en las cinco oficinas principales en el año 2019.
En este mismo rubro y sentido, se tienen los siguientes datos, cifras y estadísticas para los países emergentes o subdesarrollados (ver la Fig. 2).

Fig. 2. Solicitudes de patente presentadas en las oficinas de determinados países de ingresos bajos y medios (2019).
Entre las oficinas de determinados países de ingresos bajos y medios, Brasil (25 396); México (15 941); Tailandia (8 172) y Turquía (8 088); recibieron en 2019 un gran número de solicitudes de patente. Las oficinas de Turquía (+8.3%) y Marruecos (+7.6%) registraron en 2019 un crecimiento especialmente rápido. Entre las oficinas regionales, la Organización Regional Africana de la Propiedad Intelectual [ARIPO] con +4.5%, informó de un fuerte crecimiento; mientras que la Organización Africana de la Propiedad Intelectual (OAPI) con un -6.7%, experimentó una notable disminución. La Organización Euroasiática de Patentes (EAPO) con un -0,2%, también registró una pequeña disminución (OMPI, 2020).
Como puede observarse en ambas figuras 1 y 2; en América Latina tenemos un muy serio problema, derivado directamente del poco registro de patentes, en relación con los países orientales, y los de élite del primer mundo. Entonces, es muy importante comenzar a reflexionar al respecto, porque México tiene una población aproximada de 125 millones de personas, casi 2 millones de kilómetros cuadrados de territorio, una posición geográfica envidiable, una anchura del Mar Territorial mexicano de 12 millas marinas (22 224 metros), y muchas más ventajas competitivas; como para solamente solicitar el registro de casi 16 000 patentes al año. Mientras que China solicita casi 1 400 000 de patentes al año. Es decir, en México se registra un raquítico 1.14% de lo que solicita China. Debemos comenzar a pensar qué estamos haciendo como país en diversos rubros como el educativo, el financiero, el económico, el cultural, el social, el del ocio y el entretenimiento, en lo familiar, etcétera; porque la brecha cada vez es mayor, y nos estamos quedando pasmados peligrosa y riesgosamente. La próxima semana concluiremos con la saga, analizando en qué se especializa cada país, respecto de los sectores tecnológicos más representativos a nivel mundial. (Continuará…)
Referencias:
John-Steiner, Vera. (2013). La colaboración creativa. Nueva York, EUA: Random House LLC.
Oppenheimer, Andrés. (2014). ¡Crear o morir! La esperanza de Latinoamérica, y las cinco claves de la innovación. Nueva York, EUA: Random House LLC.
Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. (2020). Datos y cifras de la OMPI, sobre la Propiedad Intelectual. Ginebra, Suiza: OMPI.






