Las mujeres detrás de un hombre

• A lo largo de la historia, el éxito del marido era visto como un triunfo familiar y el de la esposa solía interpretarse como una afrenta; afortunadamente esta situación ha ido modificándose poco a poco
🖋 Verónica Bracho Alburquerque
A lo largo de la historia, el éxito del marido era visto como un triunfo familiar y el de la esposa solía interpretarse como una afrenta. En el ámbito intelectual, esto derivó en el opacamiento de mujeres que en muchos casos eran más vanguardistas que sus propios esposos.
Afortunadamente esta situación ha ido modificándose poco a poco, pero el daño en las generaciones pasadas fue doloroso y muy injusto. Aquí recordaremos algunas de las muchas mujeres que lo vivieron.
Elena Garro, esposa de Octavio Paz
Se dice que Paz, consciente del talento de Elena, limitaba sus publicaciones y controlaba su entorno. En el conflicto de 1968, Garro fue señalada y marginada y Paz, desde su posición de poder, no hizo mucho por defenderla. Ella pasó de ser una mente brillante a ser recordada durante décadas simplemente como “la exesposa problemática”. Octavio Paz recibió premios, halagos, dinero, mientras Elena Garro vivía en la pobreza junto a su hija y así fue hasta su muerte.
Mileva Maric, esposa de Albert Einstein
Ella una brillante matemática que contribuyó a los trabajos de la relatividad; sus aportes no fueron reconocidos y todo apareció con el nombre de él.
Camille Claudell y Auguste Rodin
Camille Claudell fue la amante, la alumna y colaboradora de Auguste Rodin. Tenía el mismo genio que Rodin y él terminó por apropiarse de sus ideas. Ella acabó en un hospital siquiátrico, mientras Rodin disfrutaba la fama.
Zelda Fitzgerald, esposa de F. Scott Fitzgerald
Zelda escribía diarios y relatos que Scott tomaba como “prestados” para sus novelas, mientras que la tildaba de loca para invalidar su autoría, aunque se dice que Zelda padeció de esquizofrenia y fue internada en un hospital, donde murió durante un incendio.
Maria Anna Mozart, hermana de Wolfgang Amadeus Mozart
Aunque no fue su esposa, sino su hermana, su caso es parte de este tema: María Anna era considerada una de las mejores pianistas de Europa y componía música desde niña. Su padre, Leopold, decidió que al cumplir la edad de casarse (18 años) ya no podía seguir de gira ni opacar la carrera de su hermano menor. Fue obligada a quedarse en casa mientras Wolfgang recorría el mundo con las composiciones que ellos solían compartir.
Colette, esposa de Henry Gauthier-Villars, “Willy”
Una de las escritoras más famosas de Francia, escribió la serie de novelas Claudine. Su marido, un editor con poco talento, la encerraba en una habitación para que escribiera y luego publicaba los libros bajo su propio nombre (Willy). Él se llevaba la fama y el dinero mientras ella era tratada como una “empleada de lujo”. Colette finalmente luchó y logró recuperar su nombre y su libertad.
Margaret Keane, esposa de Walter Keane
Este caso es famoso gracias al cine (Big Eyes). Ella pintaba cuadros de niños con ojos enormes que se volvieron un fenómeno mundial en los años 50 y 60. Su esposo, Walter, se atribuyó la autoría de todas las pinturas argumentando que “una mujer no vendería tanto”. Ella pasó años pintando en secreto en un sótano mientras él se daba la gran vida como el “artista” estrella. Margaret tuvo que llevarlo a juicio para demostrar, pintando frente a un juez, que ella era la verdadera genio.
Constance Lloyd, esposa de Oscar Wilde
A menudo se le recuerda solo como la mujer “engañada” de Wilde, Constance era una intelectual, feminista activa y escritora de cuentos infantiles y artículos de moda progresista y por el escándalo público de Oscar Wilde y su posterior encarcelamiento borraron por completo la carrera y la identidad de Constance. Ella tuvo que cambiarse el apellido y exiliarse con sus hijos, muriendo en el olvido mientras la figura de su marido se convertía en leyenda.
También hay varios casos de abuso y robo en el ámbito artístico perpetrados por el mismo esposo. El caso de la cantante infantil “Tatiana”, que era explotada por Andrés Puentes. La cantante Tina Torner, pasó la misma situación.
Ahora, la pregunta obligada. ¿Cómo y por qué se dieron estas situaciones? Son varias respuestas, la primera fue que durante siglos la personalidad jurídica de la mujer quedaba “cubierta” por el marido al casarse; incluso, el nombre la mujer era modificado con el anexo “de” continuado por el apellido del esposo.
El “de” era de pertenencia. Con ello, la esposa no podía firmar contratos ni poseer propiedades ni trabajar sin la autorización del marido. Me platicaron el caso de una mujer, de aquí de Pachuca, que en los años 70´s perdió su casa producto de su trabajo porque era casada, y al divorciarse la casa se le quedó a él.
Si una mujer escribía un libro o pintaba un cuadro, legalmente el fruto de ese esfuerzo pertenecía al “jefe de la sociedad conyugal”: el esposo.
Por otra parte, la sociedad separaba el talento del genio. Las mujeres podían tener “talento”, pero el genio era exclusivo de los hombres. Incluso era tan arraigada esa creencia que, si una mujer mostraba un genio evidente, la sociedad decía que era por la “influencia” de su marido, no por ella misma.
Otro factor cultural fue la idea que se vendió que el éxito personal de la mujer destruiría la carrera de su marido y por ende la estabilidad de su hogar. Este punto no es tan lejano en la actualidad; varios matrimonios dejan de funcionar por los celos profesionales de los hombres, y es una humillación que la mujer gane más que el hombre o que brille socialmente más que él.
Hoy, nuestra labor es rescatar esos nombres olvidados y no solo para hacer justicia a sus biografías, sino también para desmantelar la mentira creada de que la creatividad tiene género. Estas mujeres no fueron “ayudantes”; fueron creadoras soberanas a las que les robaron el derecho a su propia voz y realización.
El Día de la Mujer, 8 de marzo, es una fecha perfecta para ordenar la historia. Hasta la próxima.






