Los modelos educativos representativos en el mundo: Modelo de Investigación-Acción y Modelo Basado en Competencias (parte 9)

“Lo más importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice”: Peter Ferdinand Drucker
David Moisés Terán Pérez *
Buenos días estimadas(os) lectoras(es) de esta columna invitada, es un verdadero placer saludarles una vez más. Este martes, concluimos esta saga dedicada a los dos modelos educativos prevalentes en el Mundo. Hoy en día, la educación en sus diferentes niveles (básico, medio superior y superior) en la República mexicana, se halla inmersa en un complejo proceso de transformación a través de la sistemática incorporación de un nuevo currículo acompañado con el relativamente nuevo enfoque por competencias, el cual está centrado en la formación del docente en áreas más asistenciales (de apoyo académico a estudiantes con problemas de aprendizaje y/o en riesgo de abandono escolar), de modo que el profesor desempeña un papel protagónico en el marco de los colectivos académicos. Por lo que, cada día se hace más necesaria la investigación-acción participativa (lamentablemente, desconocida en muchos de los casos por los propios actores del proceso), la cual exige al docente, ser especialista en la materia de estudio que enseña, y a la vez, dominar las competencias pedagógicas y/o andragógicas (la andragogía, trata del proceso de aprendizaje de los adultos), de esa labor.
Es preciso anotar que, aunque se han tenido avances significativos en la reflexión, la investigación, el debate y la aplicación de las competencias, se requiere seguir avanzando en la implementación de este enfoque, necesitándose mejorar la metodología para el estudio del contexto y la gestión de la evaluación de las competencias. Tradicionalmente la enseñanza se ha sustentado en contenidos, y ahora se cambia a un nuevo enfoque basado en competencias. Este cambio se corresponde con la evolución y el desarrollo que vive la educación tanto en el país, como en el mundo entero; y no solamente exige la formación del docente en su especialidad y en competencias específicas, sino que apunta también a la producción de un conocimiento transformador mediante un análisis crítico, en el que participen activamente todos (estudiantes y docentes), a fin de mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. El nuevo currículo por competencias y la investigación-acción participativa, permiten abordar este nuevo proceso de enseñanza-aprendizaje caracterizado por el aprendizaje formativo significativo, centrado no solamente en el docente, sino también en el estudiante, y en el que se reflejan las competencias necesarias para la construcción del conocimiento y los requerimientos del saber en esta segunda década del siglo XXI. La investigación-acción participativa entonces, coadyuvaría a la puesta en práctica de un trabajo colaborativo y cooperativo, en el que todos los involucrados pueden obtener resultados fiables y útiles, y en el que se promueve, fomenta y/o genera, la participación activa de toda la población.
Por otra parte, el aprendizaje basado en competencias se caracteriza por su transversalidad, su dinamismo y su carácter integral. El proceso de enseñanza-aprendizaje por competencias debe abordarse desde todas las áreas de conocimiento, y por parte de las diversas instancias que conforman la comunidad educativa, tanto en los ámbitos formales como en los no formales. La concepción de la educación ha ido cambiando progresiva y significativamente en los últimos años, impulsada en parte por el aprendizaje por competencias. La incorporación de las tecnologías de la información y de las comunicaciones (TIC), ha alterado el espacio-tiempo en las aulas, y con ello, ha modificado la forma como se ha venido enseñando y aprendiendo.
Las instituciones educativas formales han dejado de ser los únicos centros exclusivos generadores de formación. ¿Por qué? Porque hemos ido asimilando que el aprendizaje puede producirse en cualquier momento y lugar de nuestras vidas. Todo esto contribuye a esos nuevos movimientos transformadores que replantean el concepto de la educación, y que intentan reorientar las teorías educativas hacia la importancia de aprender a conocer, en lugar de basarse en el tradicional aprendizaje por conocimiento.
Es decir, las competencias hablan de un ser competente, el cual es un individuo capaz de transferir lo que aprende; además, tiene la habilidad de poder resolver problemas en situaciones específicas, de acuerdo con el nuevo conocimiento adquirido. Es un estudiante que tiene como principal cualidad su autonomía en la búsqueda del aprendizaje. Pero, para poder lograr esto, él debe ir acompañado de un modelo educativo orientado hacia el crecimiento y/o construcción del conocimiento, y no basado en los viejos esquemas de la acumulación del mismo. En el mundo actual y el del futuro: “(…) el aprendizaje continuo se ha convertido en una necesidad para todos los ciudadanos. Es imprescindible mejorar nuestras aptitudes, actitudes y competencias a lo largo de toda nuestra vida, no solamente para realizarnos personalmente y ser capaces de participar activamente en la sociedad en que vivimos, sino también, para poder tener éxito en un mundo laboral en constante evolución”. (López, 2015; p.13).
Ahora, retomando la información acumulada a lo largo de las primeras ocho entregas; se tiene la pregunta y disyuntiva importante: ¿Qué modelo educativo debe ser el utilizado en México, para lograr el tan anhelado desarrollo prometido en todos sus rubros (económico, financiero, laboral, cultural, social, recreativo, deportivo, político), desde hace décadas? La respuesta no es simple, mucho menos sencilla; ya que el problema educativo y de desarrollo es multifactorial; amén, de que como ya se ha establecido en otros artículos: No es posible dar soluciones homogéneas, a problemas heterogéneos.
La propuesta desde esta columna invitada es que en el nivel básico (prescolar, primaria y secundaria), el modelo educativo a utilizar debe ser el basado en competencias, porque con él, se desarrollan los tres elementos que lo configuran: El saber (los conocimientos específicos y fundamentales de cada asignatura, materia y/o área del conocimiento); el saber hacer (la aplicación concreta de dicho(s) conocimiento(s) en áreas y/o tareas específicas); y el saber ser (actitudes, principios y valores) que conforman a las personas, y que rigen su comportamiento a lo largo de su vida (“De la cuna, a la tumba”). Es decir, en el nivel básico será importante que los estudiantes desarrollen el Trabajo Inteligente:
Trabajo Inteligente = Trabajo Colaborativo + Trabajo Cooperativo + Saber Ser
En esta expresión, el trabajo colaborativo se refiere al conocimiento; es decir, una persona colabora con lo que sabe. El trabajo cooperativo se refiere a saber hacer; esto significa, que una persona coopera con lo que saber hacer. Finalmente, se integra el saber ser, que se refiere a los principios, los valores y las actitudes con lo que cada persona participa en los grupos y/o equipos de trabajo (ya sean escolares y/o laborales).
Una vez que esta metodología es entendida, comprendida, asimilada y aplicada por los estudiantes del nivel básico (que en muchos casos, lamentablemente es a todo lo que aspiran ciertas personas en el país); podrán en caso de continuar estudiando en los niveles medio superior y superior, aplicar esa filosofía educativa, en aras de que ese Trabajo Inteligente definido anteriormente; se pueda ahora complementarlo con el modelo de investigación-acción participativa que se utilizaría en la formación media superior y superior. Es decir, ahora el estudiante aprenderá una nueva filosofía educativa, basada en la investigación-acción; que le solicitará, resolver problemas de la cotidianidad a través de conocer dicho problema, de investigar (aprender nuevo(s) conocimiento(s) y aplicarlo a través de la acción, hasta dar con la respuesta y/o solución solicitada. Implícitamente, el estudiante aplicará consciente, inconsciente y/o subconscientemente, el conocimiento adquirido, el trabajo cooperativo, el trabajo colaborativo y el saber ser; a/en todas las actividades que realice tanto en su proceso educativo, como en su práctica laboral/profesional, como en su vida (familiar y social). Por lo que, ambos modelos, serán de gran utilidad en los diferentes niveles educativos y de formación de las personas.
Finalmente, dado que México tiene diversas ventajas competitivas (su extensión territorial; su posición geográfica; su población; su diversa flora y fauna (incluso algunas que sólo existen en este país); sus reservas de hidrocarburos, de minerales, de materias primas; sus 12 millas náuticas (22.2 km) tanto en el Golfo de México, como en el Océano Pacífico; así como todo el Mar de Cortés, entre muchas otras; hacen que este país, desarrolle un “Modelo Educativo Mexicano” propio, que no sea copia y/o adaptación de uno extranjero, y que sirva para desarrollar en todos los rubros al país. Esto significa que ese nuevo modelo educativo mexicano, permita que se forme a los estudiantes en conocimientos generales; y adicionalmente, en el desarrollo de habilidades, destrezas, y competencias propias de cada región del país. Eso permitiría potencializar las diversas regiones del país en lo que tienen.
Por ejemplo: en las regiones costeras, desarrollar y aprovechar los recursos marinos de manera óptima, para reinvertirlos en esos mismos lugares, y así beneficiar en todos sentidos a su población. Y lo mismo para cada región de México. Porque es irracional que los famosos libros de texto gratuitos, traten de igual manera a los estudiantes de las grandes urbes (la CDMX, Guadalajara, Monterrey, Puebla), que a los de las zonas rurales y marginadas del territorio mexicano. Por ejemplo: En un libro de texto de cuarto año, se le pedía al estudiante que dibujara un semáforo, y en la siguiente página, que dibujara una vaca. Ya imagino a un(a) niño(a) de una zona rural donde difícilmente hay energía eléctrica, dibujando un semáforo; de igual manera, imagino a un(a) niño(a) que vive en alguno de los edificios de la “Unidad Tlaltelolco” de la CDMX, intentando dibujar una vaca (quizá en el mejor de los casos, la única vaca que ha visto en la vaca “Pili” que viene dibujada en el envase Tetra Pack de la Nutrileche®).
Por esa razón, se requiere un modelo educativo mexicano que en el largo plazo realmente integre los rubros: Social, económico, de desarrollo, financiero, cultural, deportivo, de recreación, productivo, político…), y que realmente, resuelva dichas problemáticas, no sólo en el discurso o por decreto; si no en la realidad. Y una excelente opción, será integrar lo mejor de los dos modelos educativos analizados en estas nueve semanas, a dicha propuesta. Ya en algunos foros he presentado dicha propuesta; y está en ciernes un libro que desarrollará dicho tema.
Muchas gracias amigas(os) lectoras(es). ¡Feliz año nuevo 2022! Y nos leemos con un nuevo tema el próximo martes.
Referencia:
López, P. (2015). Un método para la investigación acción participativa. Madrid: Popular.






