Columna invitada

Los niños 2025: educando para los empleos que aún no existen (parte 5)

“No hay peor pérdida de tiempo, que hacer extraordinariamente bien algo que no debía haberse hecho nunca”: Peter Ferdinand Drucker (austriaco, “El Padre de la Administración Estratégica”)


🖋 David Moisés Terán Pérez

Buenos días estimadas(os) lectoras(es) de esta columna invitada, les deseo que tengan un extraordinario día. Saludos cordiales. Hoy, continuaremos desarrollando interesante contenido para la saga titulada “Los niños 2025: educando para los empleos que aún no existen”, a través de establecer los siguientes subtemas: “La alfabetización digital: más allá de ‘saber usar’ los dispositivos”, “El pensamiento computacional y nociones de programación para los niños”, “La alfabetización en los datos: leer, interpretar, cuestionar estadísticas y gráficos” y “La alfabetización mediática e informacional: distinguir información confiable y combatir la desinformación”.

INTRODUCCIÓN

En un mundo en donde la tecnología redefine cada aspecto de la vida cotidiana, desde el trabajo hasta la educación y la toma de decisiones, la alfabetización del futuro ya no se limita a saber leer y escribir. Hoy, implica dominar un conjunto de habilidades críticas que permitan a las personas navegar, interpretar y transformar la información digital de manera ética, crítica y creativa. Este artículo explora cuatro pilares fundamentales:

  1. La alfabetización digital, que va más allá de “saber usar” los dispositivos, y exige un entendimiento profundo de cómo funcionan las tecnologías; así como conocer su impacto real en la sociedad actual, y en la del futuro.
  2. El pensamiento computacional y las nociones de programación para los niños, que son esas habilidades que desarrollan la lógica, la resolución de problemas, y la creatividad desde edades muy tempranas.
  3. La alfabetización en los datos, que enseña a leer, a interpretar, y a cuestionar estadísticas y gráficos en un mundo saturado de información.
  4. La alfabetización mediática e informacional, que es esencial para distinguir fuentes confiables, para ayudar a combatir la desinformación, y a tomar decisiones basadas en evidencia(s).

Cada uno de estos componentes no solamente prepara a las personas para los empleos del futuro, sino que empodera a los ciudadanos para participar activamente en una sociedad cada vez más compleja y conectada.

LA ALFABETIZACIÓN DIGITAL: MÁS ALLÁ DE “SABER USAR” LOS DISPOSITIVOS

La alfabetización digital contemporánea trasciende ampliamente la capacidad instrumental de operar dispositivos tecnológicos, constituyéndose como una competencia multidimensional que integra habilidades técnicas, cognitivas, sociales y éticas para participar plenamente en las sociedades digitalizadas. Mientras las generaciones anteriores consideraban suficiente saber encender las computadoras, navegar en la Internet, o utilizar aplicaciones básicas; el concepto actual demanda comprensión profunda de las dinámicas digitales, de las arquitecturas de información, de las implicaciones sociales de las tecnologías; así como la capacidad crítica para evaluar las consecuencias de las acciones en los entornos virtuales (Gilster & Glister, 2021). Esta transformación conceptual se fundamenta en reconocer que ciudadanos digitalmente alfabetizados no son meramente consumidores pasivos de tecnología, sino agentes activos capaces de crear, de modificar, de compartir, y de evaluar críticamente los contenidos digitales, comprendiendo simultáneamente las dimensiones éticas de privacidad, de seguridad, de derechos digitales, y de responsabilidad en línea.

La experiencia de Estonia ejemplifica una implementación nacional exitosa de la alfabetización digital avanzada, en donde desde el año 2012 el programa: “ProgeTiger”, integró educación tecnológica comprehensiva en todos los niveles educativos, enseñando a estudiantes desde el primer grado, no solamente el uso de las tecnologías, sino también la comprensión de fundamentos de programación, de robótica, de ciberseguridad, y de ciudadanía digital (Pedaste, et. al., 2020). Los resultados documentados muestran que los estudiantes estonianos desarrollan capacidades superiores para resolver problemas complejos mediante el uso de la tecnología, crear soluciones digitales innovadoras, y comprender las implicaciones éticas de decisiones tecnológicas, posicionando a dicho país como líder mundial en el gobierno electrónico y en los servicios digitales, con un 99% de los servicios gubernamentales disponibles en línea las veinticuatro horas (Tamm, et. al., 2021). En México, la iniciativa: “Código X” implementada en las escuelas públicas del estado de Nuevo León desde el año 2019, capacitó a más de cincuenta mil estudiantes en una alfabetización digital profunda, incluyendo la seguridad en línea, el pensamiento crítico sobre la información digital, la creación de contenidos multimedia, y los fundamentos de programación, resultando en un incremento del 67% en las competencias digitales, medidas mediante evaluaciones estandarizadas y con una reducción del 43% en incidentes de ciberbullying reportados (Garza & Rodríguez, 2022).

La alfabetización digital contemporánea también abarca la comprensión de la economía de la atención, de algoritmos de recomendación, y de modelos de negocio en las plataformas digitales. El programa finlandés de educación mediática implementado nacionalmente desde el año 2016 enseña a sus estudiantes cómo las redes sociales, y los motores de búsqueda utilizan datos personales, cómo los algoritmos filtran la información creando “burbujas” de contenido, y cómo la publicidad dirigida influye en los comportamientos de consumo, capacitando a los jóvenes para navegar ecosistemas digitales consciente y críticamente (Kotilainen, 2021). Evaluaciones independientes documentan que los estudiantes finlandeses demuestran 58% mayor capacidad para identificar manipulación publicitaria digital, y 71% mayor comprensión de consecuencias de compartir información personal en línea, comparado con los promedios europeos (Herkman & Vainikka, 2022). Similarmente, la organización Common Sense Media en los Estados Unidos de América, desarrolló currículos de ciudadanía digital adoptados por más de ochenta mil escuelas, cubriendo temas desde la gestión de la reputación en línea, hasta el equilibrio saludable entre la vida digital y la vida convencional, con evidencia de una reducción del 34% en una posible adicción problemática a los dispositivos entre los estudiantes participantes (Robb, 2020).

EL PENSAMIENTO COMPUTACIONAL Y NOCIONES DE PROGRAMACIÓN PARA LOS NIÑOS

El pensamiento computacional emerge como una competencia fundamental del siglo XXI, definido como: “La capacidad de formular problemas de manera que las soluciones puedan expresarse mediante pasos computacionales y algoritmos, integrando habilidades de descomposición de problemas, de reconocimiento de patrones, de abstracción, y de diseño algorítmico aplicables mucho más allá de contextos estrictamente informáticos” (Wing, 2020; p. 74). Esta competencia cognitiva permite a los individuos abordar desafíos complejos sistemáticamente, a identificar elementos esenciales ignorando detalles irrelevantes, en reconocer similitudes estructurales entre problemas aparentemente diferentes, y a diseñar secuencias lógicas de pasos para alcanzar soluciones efectivas. Contrariamente a concepciones erróneas, el pensamiento computacional no significa necesariamente programar computadoras, sino desarrollar marcos mentales estructurados para resolver problemas que resultan transferibles a prácticamente cualquier disciplina o situación cotidiana.

El programa Code.org, implementado globalmente en más de ciento ochenta países, democratizó el acceso a la educación en el pensamiento computacional mediante cursos gratuitos en línea, diseñados pedagógica y andragógicamente para los estudiantes desde preescolar hasta el nivel superior (Partovi, 2021). Datos de implementación muestran que más de sesenta millones de estudiantes completaron al menos un curso, con evaluaciones documentando mejoras significativas en sus habilidades de resolución de problemas (incremento promedio del 45%), perseverancia ante desafíos complejos (mejora del 52%), y confianza en capacidades matemáticas (incremento del 38%); incluso entre estudiantes que no continuaron estudiando programación formalmente (Morrison, et. al., 2021). Particularmente notable resulta el impacto en la reducción de las brechas de género en el uso de la tecnología: Escuelas que implementaron Code.org sistemáticamente, reportaron incremento del 127% en la participación femenina en cursos avanzados de informática, y un aumento del 89% en estudiantes mujeres expresando interés en carreras tecnológicas (Google & Gallup, 2020).

En contextos latinoamericanos, la iniciativa uruguaya “Plan Ceibal”, incorporó robótica y programación en la educación primaria desde el año 2015, proporcionando kits de robótica educativa a todas las escuelas públicas, y capacitando a sus docentes en metodologías de enseñanza del pensamiento computacional mediante actividades lúdicas (Rivoir & Lamschtein, 2021). Evaluaciones longitudinales documentan que los estudiantes participantes desarrollan capacidades superiores en matemáticas (incremento promedio de 12 puntos percentiles en las evaluaciones nacionales), ciencias (mejora de 15 puntos), y comprensión lectora (incremento de 9 puntos), confirmando la hipótesis de transferencia de habilidades computacionales a dominios académicos diversos (Cobo & Aguerrebere, 2022). El programa Scratch, desarrollado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ejemplifica herramientas diseñadas específicamente para enseñar programación a los niños, mediante interfaces visuales basadas en bloques que eliminan barreras sintácticas, permitiendo concentración en lógica y en creatividad (Resnick & Siegel, 2020). Con más de noventa millones de proyectos creados por usuarios en todo el mundo, las investigaciones documentan que los niños que utilizan Scratch desarrollan capacidades superiores de pensamiento creativo, resolución colaborativa de problemas, y expresión mediante medios digitales (Brennan & Resnick, 2022).

La experiencia del Reino Unido de la Gran Bretaña con la BBC micro:bit, ilustra un escalamiento nacional exitoso de la educación en el pensamiento computacional: Desde el año 2016, cada estudiante de séptimo grado recibió gratuitamente ese controlador programable, acompañado de recursos pedagógicos comprehensivos para los docentes (Sentance & Waite, 2021). Evaluaciones independientes reportan que 87% de los estudiantes participantes mejoraron la comprensión de cómo funcionan los dispositivos digitales, 76% incrementaron su confianza en las capacidades de crear con tecnología, y 68% expresaron mayor interés en carreras relacionadas con la Informática, con impactos particularmente pronunciados entre estudiantes de contextos socioeconómicos desfavorecidos y con las minorías tradicionalmente subrepresentadas en los campos tecnológicos (Marsh, et. al., 2020).

LA ALFABETIZACIÓN EN LOS DATOS: LEER, INTERPRETAR, CUESTIONAR ESTADÍSTICAS Y GRÁFICOS

La alfabetización en los datos constituye una competencia crítica para una ciudadanía informada en sociedades en donde las decisiones personales, profesionales y políticas dependen crecientemente de una interpretación apropiada de información cuantitativa presentada mediante estadísticas, visualizaciones, y análisis (Wolff, et. al., 2021). Esta capacidad comprende no solamente habilidades técnicas para leer gráficos o calcular porcentajes, sino desarrollar un pensamiento estadístico que cuestiona fuentes de datos, identifica manipulaciones visuales, reconoce limitaciones metodológicas, y distingue la correlación de causalidad. En esta era caracterizada por la abundancia informativa sin precedentes, los individuos sin alfabetización en datos resultan vulnerables a la manipulación mediante presentaciones estadísticas engañosas, gráficos distorsionados, e/o interpretaciones erróneas de las evidencias.

El programa estadounidense Gapminder, desarrollado por el estadístico Hans Rosling revolucionó la enseñanza en la alfabetización en datos, mediante visualizaciones interactivas que revelan patrones globales en desarrollo, salud y economía, desafiando concepciones erróneas generalizadas fundamentadas en estadísticas desactualizadas o en simplificaciones excesivas (Rosling, et. al., 2020). Estudios de implementación en contextos educativos, documentan que los estudiantes expuestos a las metodologías de Gapminder, desarrollan 73% mayor capacidad para interpretar correctamente datos estadísticos complejos, 64% mayor habilidad para identificar gráficos manipulados intencionalmente, y 81% mayor escepticismo apropiado ante afirmaciones estadísticas sin evidencia documentada (Johansson, et. al., 2021). Particularmente significativo resulta el impacto en la reducción de sesgos cognitivos: Los participantes, demostraron 47% menor tendencia a aceptar acríticamente estadísticas que confirman creencias preexistentes, después del entrenamiento en el pensamiento estadístico crítico (Kahneman & Rosling, 2020).

En México, la organización “Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad” implementó programas de alfabetización en datos para periodistas y para ciudadanos, capacitando a más de tres mil participantes en el análisis de bases de datos gubernamentales, visualización de información pública, e identificación de irregularidades mediante el análisis estadístico (Casar & Ugalde, 2021). Reportes de impacto documentan que periodistas capacitados, produjeron 89% más investigaciones fundamentadas en datos verificables, identificaron 127 casos de irregularidades presupuestales mediante un análisis cuantitativo, y generaron un incremento del 56% en las solicitudes de transparencia ciudadana, utilizando evidencia estadística para exigir rendición de cuentas (Relly & Cuillier, 2022).

La experiencia neozelandesa con la integración de la alfabetización estadística en su currículo nacional desde el año 2017, ejemplifica una transformación educativa sistémica: Todos los estudiantes reciben instrucción formal en pensamiento estadístico, incluyendo la comprensión de la variabilidad, de la incertidumbre y del muestreo, así como de la representación gráfica apropiada desde la educación primaria (Wild, et. al., 2021). Evaluaciones internacionales posicionan consistentemente a los estudiantes neozelandeses entre los cinco países con mayor competencia estadística globalmente, con un desempeño superior en la identificación de gráficos engañosos (87% de precisión versus 52% promedio internacional), en la comprensión de márgenes de error (81% versus 43%), y aplicación apropiada del razonamiento probabilístico a decisiones cotidianas (73% versus 39%), según datos de PISA 2022 (OECD, 2022).

LA ALFABETIZACIÓN MEDIÁTICA E INFORMACIONAL: DISTINGUIR LA INFORMACIÓN CONFIABLE, Y COMBATIR LA DESINFORMACIÓN

La alfabetización mediática e informacional emerge como una competencia esencial, para navegar ecosistemas informativos contemporáneos caracterizados por la abundancia de fuentes, por una muy alta velocidad de difusión y de sofisticación creciente de desinformación y de manipulación (UNESCO, 2021). Esta capacidad integra habilidades para evaluar críticamente la credibilidad de las fuentes, para saber verificar afirmaciones mediante metodologías sistemáticas, a reconocer los sesgos editoriales, a identificar técnicas de manipulación emocional, y a comprender las dinámicas económicas y políticas que influyen en la producción y en la distribución de la información. Investigaciones documentan consistentemente que la ausencia de estas competencias se correlaciona fuertemente con la susceptibilidad a teorías conspirativas, a una polarización política extrema, y a comportamientos de riesgo fundamentados en información errónea sobre salud, finanzas, o seguridad (Lewandowsky, et. al., 2020).

Finlandia implementó el programa nacional de alfabetización mediática más comprehensivo globalmente, integrando educación sistemática desde jardín de infantes, hasta la educación superior en la evaluación crítica de la información, en la verificación de hechos, en el reconocimiento de la propaganda, y en la comprensión de los ecosistemas mediáticos (Mihailidis & Viotty, 2021). Resultados del índice europeo de resiliencia mediática posicionan consistentemente a Finlandia como el país menos vulnerable a la desinformación, con solamente el 9% de la población compartiendo noticias falsas, comparado con los promedios europeos del 31%, y 82% de ciudadanos verificando activamente información antes de compartirla versus el 34% Enel  resto de Europa (Open Society Institute, 2021). Evaluaciones atribuyen esta resiliencia excepcional directamente a la educación mediática sistemática, con la evidencia de que los estudiantes fineses demuestran capacidades superiores para identificar noticias fabricadas (precisión del 91%), reconocer la manipulación mediante imágenes descontextualizadas (84% de precisión), y distinguir la opinión de un reportaje objetivo (88% de precisión) [Humprecht, et. al., 2020].

La organización taiwanesa Cofacts desarrolló un innovador modelo colaborativo de verificación de hechos basado en la comunidad, en donde los ciudadanos capacitados en la alfabetización mediática colaboran identificando y verificando afirmaciones virales en las plataformas de mensajería, alcanzando más de dos millones de usuarios activos (Wang & Chen, 2021). Estudios de efectividad documentan una reducción del 73% en la circulación de desinformación sobre la salud pública entre los usuarios regulares, una disminución del 64% en compartir noticias no verificadas, y mejora del 81% en la confianza ciudadana en una capacidad propia para distinguir la información confiable, contribuyendo significativamente a la respuesta efectiva de Taiwán ante la pandemia de la COVID-19 con mínima desinformación, comparado internacionalmente (Lee, et. al., 2022).

En América Latina, Argentina lanzó “Fake News-Educación Mediática” como programa piloto en quinientas escuelas secundarias desde el año 2020, capacitando los estudiantes en la identificación de desinformación, en la verificación mediante fuentes múltiples, y en la creación responsable de contenidos digitales (López & Amado, 2021). Evaluaciones preliminares reportan que los estudiantes participantes desarrollaron 76% mayor capacidad para identificar titulares engañosos, 68% mayor habilidad para verificar afirmaciones mediante búsquedas efectivas, y 83% mayor conciencia sobre la responsabilidad individual en los ecosistemas informativos, con evidencia de transferencia de competencias a familias, mediante conversaciones intergeneracionales (Boczkowski & Mitchelstein, 2022).

Finalmente, la iniciativa brasileña “Comprova” ejemplifica colaboración periodística innovadora contra la desinformación, reuniendo treinta y tres medios de comunicación que verifican colectivamente las afirmaciones virales durante los períodos electorales, alcanzando audiencias combinadas superiores a cien millones de personas (Tardáguila, et. al., 2020). Análisis del impacto, documentan una reducción del 41% en la circulación de desinformación electoral verificada, incremento del 57% en las solicitudes ciudadanas de verificación de afirmaciones sospechosas, y una mejora del 34% en la confianza pública en los medios participantes, demostrando la efectividad de los ecosistemas colaborativos de verificación complementados con educación mediática ciudadana (Magallón-Rosa, 2021).

CONCLUSIONES

La transformación acelerada de las sociedades contemporáneas exige una redefinición profunda de lo que significa estar verdaderamente alfabetizado en el siglo XXI. Más allá de las competencias tradicionales de lectura, de escritura y de aritmética, la ciudadanía plena en los entornos digitales, complejos e hiperconectados requiere dominio integrado de cuatro dimensiones interrelacionadas: La alfabetización digital profunda, el pensamiento computacional, la competencia en datos y capacidad crítica para navegar ecosistemas informativos. Estas habilidades no son opcionales ni exclusivas de especialistas; se han convertido en fundamentos esenciales para el ejercicio informado de derechos, la toma de decisiones personales y profesionales, la participación democrática y la adaptabilidad ante los cambios tecnológicos y sociales sin precedentes.

En conjunto, estos cuatro pilares -digital, computacional, en datos y lo mediático- conforman un nuevo marco de competencias que debe ser prioritario en las políticas educativas, formativas y culturales. Su desarrollo no puede delegarse únicamente a las escuelas; requiere colaboración entre gobiernos, instituciones educativas, medios de comunicación, plataformas digitales y las familias. La inversión en estas alfabetizaciones no es un costo, sino una garantía de cohesión social, de innovación sostenible, y de una democracia resiliente. En un mundo en donde la tecnología evoluciona más rápido que nuestras capacidades para comprenderla, educar en estas dimensiones críticas es la mejor estrategia para asegurar que el futuro sea no solo digital, sino también justo, informado y profundamente humano.

Hasta aquí con esta quinta entrega de este tema. La próxima semana continuaremos con la sexta entrega, y que tratará los siguientes subtemas: “La ciudadanía y la seguridad digital: privacidad, ciberseguridad básica, huella digital”, “La alfabetización financiera básica para niños y adolescentes (ahorro, inversión, riesgo)”, “La alfabetización ecológica y la sostenibilidad (cambio climático, economía circular)”, “Las actividades y los proyectos integrados para trabajar estas alfabetizaciones en el aula y en la casa”, dentro del tema “Las alfabetizaciones del futuro”.

Reciban un saludo desde la Bahía de Banderas (Puerto Vallarta y la Riviera Nayarit). (Continuará…)

Referencias

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