El “aislamiento” en las vacaciones

• “Desconectar de las redes para reconectar con la vida”
🖋 Verónica Bracho Alburquerque
De regreso a la rutina, el descanso de Semana Santa terminó. Las vacaciones se prestan para estar distanciados de las redes sociales, tener un espacio más familiar y del quehacer personal.
Hubo un tiempo ─no hace mucho─ en que el éxito se medía por la cantidad de luces parpadeantes en nuestro escritorio. Era estar conectado las 24 horas, responder correos a medianoche y lucir el último dispositivo en la muñeca, pero algo ha cambiado. En un mundo en donde la fibra óptica llega hasta el último rincón del mapa, el verdadero privilegio ya no es el acceso, sino el silencio.
LA TRAMPA DE LA HIPERCONECTIVIDAD
Desde que despertamos, nuestra atención está en el celular. Las aplicaciones de nuestros teléfonos están diseñadas bajo el modelo de “La caja de Skinner”: pequeñas recompensas variables en forma de likes, comentarios o notificaciones que mantienen nuestro cerebro en un estado de alerta constante.
Sin embargo, la novedad se ha desgastado. Lo que antes era una ventana al mundo, hoy se siente para muchos como una correa digital. Por eso, en este 2026 estamos presenciando el nacimiento de una nueva jerarquía social: la de aquellos que pueden permitirse el lujo de no estar disponibles.
Desafortunadamente el hacerse presente en cualquier momento ha traspasado incluso el campo laboral, donde los jefes creen que por tener a la mano el número de celular de sus empleados pueden disponer de su tiempo en horarios no laborales y estar solicitando, incluso ordenando trabajo, sin respetar la vida personal del empleado, y esto es una gran falta de respeto a la integridad de la persona ─este tema es para analizarse en la Cámara de Diputados─, y qué decir de los rompimientos amorosos por la no disponibilidad inmediata.
DEL MIEDO A PERDERSE TODO, A DISFRUTAR EL PERDERSE TODO
Durante la última década, el miedo a perdernos algo dictó nuestras vidas. Teníamos miedo de no estar en la conversación, de no ver el meme del momento y/o de ignorar la última tendencia.
Hoy, esa ansiedad está siendo reemplazada por el placer de “perderse de algo”, y esto en esencia representa un acto de resistencia. Los hoteles más exclusivos del mundo ya no anuncian su Wi-Fi de alta velocidad como un beneficio; ahora promocionan sus “zonas muertas” y sus retiros de desintoxicación en donde los huéspedes entregan sus dispositivos al hacer el check-in.
Sin olvidar lo que pasa en algunas escuelas de élite con el uso de los dispositivos electrónicos (teléfonos inteligentes, tabletas y computadoras personales). El mensaje es claro: si eres lo suficientemente importante, el mundo puede esperar.
EL ABURRIMIENTO COMO COMBUSTIBLE CREATIVO
La paradoja es que, al intentar estar en todas partes a través de la pantalla, hemos dejado de estar presentes en nuestro propio proceso creativo. El neurocientífico abunda en la idea de que el cerebro necesita ese estado de aparente inactividad o de “aburrimiento” para procesar ideas complejas y generar soluciones innovadoras. Al eliminar el ruido digital, no solamente descansamos; recuperamos nuestra soberanía mental. Decidir qué entra en nuestra cabeza es el primer paso para volver a pensar por cuenta propia.
¿HACIA DÓNDE VAMOS?
No se trata de convertirnos en personas incomunicadas o en dejar de usar el celular; la tecnología es y seguirá siendo una herramienta prodigiosa, y no se hable de la internet, que es una herramienta maravillosa. Se trata de entender que la conectividad es un servicio, no una obligación.
En el futuro cercano, el estatus no lo dará la red más compleja, sino la capacidad de apagarla. El hombre y la mujer más ricos en la sala no serán necesariamente los que tengan más dinero, o quienes más notificaciones reciban, sino quienes tengan el poder de decidir que este domingo por la tarde nadie en el planeta sepa exactamente dónde están.
Te ofrezco tres recomendaciones para empezar tu “desconexión de lujo” los fines de semana, o cuando lo consideres oportuno:
- La regla de los 20 metros: deja el teléfono cargando en una habitación distinta a la que te encuentras. La pereza de ir a buscarlo es tu mejor aliada.
- Desayuno para ti: prohibido tocar cualquier pantalla hasta que hayas terminado tus alimentos, o al menos una taza con café.
- El modo “no molestar” es tu mejor amigo: configúralo para que solamente las llamadas de emergencia reales puedan interrumpir tu paz.
Y tú, ¿eres el(la) dueño(a) de tu tiempo, o solo un nodo más en la red?
Un abrazo. ¿Ya están listos(as) para el regreso a la cotidianidad?






