Algo más del Grito de Independencia

• Más allá de la fiesta, la pirotecnia y el pozole, esa noche late algo profundo: la memoria de un país que cada año vuelve a gritar su nombre independiente: ¡Viva México!
🖋 Verónica Bracho Alburquerque
El 15 de septiembre es la conmemoración de un pueblo que decidió que merecía gobernarse a sí mismo. Por eso, más allá de la fiesta, la pirotecnia y el pozole, esa noche late algo profundo: la memoria de un país que cada año vuelve a gritar su nombre independiente: ¡Viva México!
El grito es un ritual nacional, normalmente menciona a los héroes de Independencia -Miguel Hidalgo, José María Morelos y Pavón, Ignacio Allende, Vicente Guerrero, Josefa Ortiz de Domínguez y termina con expresiones de Viva México.
Ignacio López Rayón encabezó la primera conmemoración oficial del Grito de Independencia el 16 de septiembre de 1812 en Huichapan, en el actual estado de Hidalgo, en el edifico llamado El Chapitel. Su contenido es simbólico más que histórico, pues no hay registro seguro de su arenga original.
No existe registro exacto de las palabras de Hidalgo en 1810. Lo más probable, según historiadores, es que gritara algo como “¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII! ¡Muera el mal gobierno!” (y quizá “¡Mueran los gachupines!”).
Dentro de la historia de México, relacionado con la máxima ceremonia del país, se registra con Benito Juárez que mientras él y su gabinete viajaban hacia el norte del país (rumbo a Chihuahua) cuando luchaban contra la intervención francesa y el imperio de Maximiliano, estando en la hacienda ubicada en el desierto del municipio de Cuencamé, Durango, Guillermo Prieto alertó al presidente sobre ruidos y cantos de los pobladores y soldados republicanos que exigían celebrar la fecha patriótica.
Así que, de pie, frente a una mesa vieja, sin campanas ni balcones presidenciales, Juárez encabezó un improvisado y emotivo acto para vitorear a los héroes de la Independencia y defender la soberanía nacional en pleno desierto duranguense.
El estilo político de cada gobierno no puede faltar: se respeta la estructura, pero cada presidente puede añadir nombres, causas o valores que considera relevantes, como justicia, democracia, soberanía, igualdad o paz.
Es también un acto de comunicación política: por su gran audiencia nacional e internacional, permite a la presidencia proyectar una imagen de liderazgo y vincularse con ideas de patria y unidad.
Muchos analistas lo describen como una liturgia cívica, casi religiosa, con altar (balcón), campana, reliquia (la bandera) y feligresía (el Zócalo).
El grito se ha conmemorado año con año; solo en el año 1847 ha sido la única ocasión que no se realizó por la ocupación gringa.
Con Andrés Manuel López Obrador se incluyó por vez primera en la lista: héroes y heroínas anónimos, pueblos indígenas, migrantes, “fraternidad universal”, “grandeza cultural de México”, “amor al prójimo”, “humanismo mexicano”… y reintrodujo los “mueras” (“¡Muera la corrupción! ¡Muera el clasismo! ¡Muera el racismo!”). También le tocó realizar el grito sin asistentes por el Covid-19.
Claudia Sheinbaum (primer Grito de una mujer presidenta) puso el acento en las heroínas: Josefa Ortiz nombrada con sus apellidos propios (Ortiz Téllez-Girón, no “de Domínguez”), Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra, Manuela Molina, heroínas anónimas y mujeres indígenas, además de un cierre con “¡Viva México libre, independiente y soberano!”.
Yo tengo presente que todos los 15 de septiembre llevaba a mis hijos a los juegos mecánicos, llegábamos temprano para evitar la aglomeración de gente y nos regresábamos a casa a ver el Grito en la televisión.
Este 2026, disfrutemos una vez más la riqueza cultural y gastronómico de nuestro gran país y ¡Viva México!






