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Reconocimiento a una artista hidalguense

• Ruth Bracho fue una destacada bailarina de danza que nació en Pachuca, Hidalgo, en la década de 1940. Fue una niña prodigio, pues a los cuatro años de edad ya se presentaba en los escenarios


Verónica Bracho Alburquerque *

¡Saludos, queridos lectores! Este artículo está dedicado a una figura artística que seguramente es recordada por las personas que tienen “años de juventud acumulada”, nacidos entre los años de 1940 a 1950.

Las personas maduras y jóvenes es un hecho que no la conozcan, porque muy joven se fue a radicar a la Ciudad de México y a la ciudad de Veracruz. Ella fue Ruth Bracho López, quien desafortunadamente murió en diciembre del año pasado. Hoy, a manera de reconocimiento, escribo un breve esbozo de su gran trayectoria artística:

Ruth Bracho fue una destacada bailarina de danza que nació en Pachuca, Hidalgo, en la década de 1940. Fue una niña prodigio, pues a los cuatro años de edad ya se presentaba en los escenarios de baile de los principales municipios del estado y a los nueve años ganaba el primer lugar en “El Club Rotario de Pachuca”, en poesía.

Se formó en la escuela de las Bellas Artes, dirigida en ese entonces por el querido profesor Genaro Guzmán Mayer, y en teatro, con el también admirado maestro Guillermo Romo de Vivar, con quien montó una obra en escena llamada “A su imagen y semejanza” en el Teatro del Bosque de la Ciudad de México, y en el que ganó una mención honorífica por su extraordinaria actuación.

Estudió en la Escuela Nacional de Danza del INBA, donde tuvo como maestras a Nellie y Gloria Campobello, pilares y precursoras del ballet en México. Posteriormente, Ruth Bracho se hizo maestra de dicha Institución. Sus presentaciones fueron múltiples en la Ciudad de México.

En 1967, el entonces presidente municipal de Mineral de la Reforma, Humberto Baños Gabrielle, inauguró una escuela-auditorio, que nombró “Profesora Ruth G. Bracho de Vallejo” en honor a la artista; el inmueble se ubica en la colonia Ciudad de los Niños, en Pachuca.

Por su intervención en el teatro tuvo acercamiento con sus raíces familiares, también pertenecientes al ambiente artístico:  el director Julio Bracho, el actor Carlos Bracho, las actrices Diana Bracho y Andrea Palma (su nombre artístico), ya que su nombre verdadero era Guadalupe Bracho.

Ruth Bracho se casó con el piloto aviador naval César Vallejo González (actualmente vicealmirante retirado) y cambió su lugar de residencia a la ciudad de Veracruz, en donde también impartió clases de danza. Y a partir del año 1996 creó la Academia de Danza Ballet Concierto en el municipio de Ecatepec de Morelos, en el Estado de México, presentando sus conciertos en ferias nacionales, explanadas, iglesias y teatros de la capital del país.

En los años 80 tuvo un breve regreso a la ciudad de Pachuca, dando clases sabatinas en la escuela de la maestra Martha Manning, en la colonia Céspedes.

En dicha escuela yo tuve la fortuna de tomar clases con ella, pues como se habrán dado cuenta por el apellido, es mi tía (hermana de mi querido padre Raúl Bracho), y en esas clases pude darme cuenta del porqué era tan buena maestra: su porte y su elegancia para la danza eran palpables, tenía ese don, esa magia para el baile que pocas personas poseen; tenía un gran dominio de la escena y para el diseño de vestuarios ¡era simplemente excepcional! Los trajes de los bailables eran diseñados por ella, siendo de alta costura, con colores acordes, vibrantes, exquisitos, con los que las bailarinas lucían a la perfección en las presentaciones de danza clásica, en el baile flamenco, en el tap, en las danzas árabes y afrocubanas; eran un deleite ver esto en escena, para las personas que nos gusta este arte.

Tocaba las castañuelas de manera muy hermosa, al igual que el piano. Bajo su dirección nos presentamos en el cine Auditorio -que ya no existe- y en el Teatro de la Garza de la UAEH, bailando flamenco y danza afrocubana. Con su familia, creó un grupo de música en el que ella tocaba el piano, su esposo el saxofón, su hija era la voz principal y su hijo las percusiones. Sus hijos, Ruth y César, también heredaron los dotes artísticos; los dos son unos excelentes bailarines, al igual que sus nietos Sergio Iván y Ruth Esmeralda.

Tengo algunos recuerdos memorables de niña, cuando la visitábamos en su casa, que me paraba en puntas para alcanzar a ver las teclas del piano, mientras mi tía Ruth lo tocaba, y no me despegaba de ahí.

También presencié con ella unos verdaderos XV años, cuando hizo el montaje a su hija, y en el que participé como dama de honor, con los 15 chambelanes y una escenografía en verdad impactante: por el baile, por la música, por el vestuario y por el lugar.

Finalmente, en 1993, cuando yo tenía un programa de radio en la estación de Pachuca, la invité; y ahí, en una hora nos platicó muchos detalles de su vida y de sus presentaciones.

Ruth Bracho deja su legado a sus hijos, a sus nietos y a todas las que fuimos sus alumnas, y también a quienes vimos sus grandes presentaciones dancísticas. ¡Descanse en paz La Gran Tía Ruth!

* Socióloga y doctora en investigación educativa

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