¿Por qué Pachuca necesita sus “terceros lugares”?

• El concepto, acuñado por el sociólogo estadounidense Ray Oldenburg, se refiere a esos espacios sociales neutrales donde la gente se reúne de manera informal, voluntaria y sin presiones
🖋️ Verónica Bracho Alburquerque
Vivimos en una rutina articulada en torno a dos ejes principales: el hogar (el primer lugar), donde habita nuestra vida privada y donde pesan los roles familiares, y el trabajo o las aulas (el segundo lugar), donde cumplimos con nuestras responsabilidades y pesa la jerarquía y la productividad.
Durante mucho tiempo, la vida transcurrió en el ir y venir entre estos dos polos. Sin embargo, existe una tercera dimensión fundamental para el bienestar humano y la salud comunitaria: los llamados “terceros lugares”, en donde los estratos sociales se desfiguran.
El concepto, acuñado por el sociólogo estadounidense Ray Oldenburg en los años ochenta, se refiere a esos espacios sociales neutrales donde la gente se reúne de manera informal, voluntaria y sin presiones.
Son los cafés de barrio, las bibliotecas públicas, los centros culturales, las plazas o incluso las bancas de un parque. No son espacios para producir ni para gestionar el hogar; son lugares para estar, coincidir y conversar.
Desde la sociología urbana, autoras fundamentales como Jane Jacobs ya advertían sobre la importancia de la vida en la calle y la interacción cotidiana entre vecinos.
Jacobs hablaba de los “ojos en la calle” y del tejido informal de confianza que se construye cuando compartimos el espacio público. Décadas después, el sociólogo Eric Klinenberg redefinió estos sitios bajo el término de infraestructura social: el conjunto de lugares físicos que permiten que las conexiones humanas florezcan y que, en momentos de crisis o aislamiento, sostienen la cohesión de una comunidad.
Los “terceros lugares” se experimentan con los sentidos. Son la cafetería donde el barista ya conoce nuestro pedido, la biblioteca donde los estudiantes coinciden en silencio, o la mesa de un centro cultural donde se discute un libro o una idea. En un entorno urbano cada vez más acelerado y digitalizado, donde muchas interacciones se han mudado a las pantallas, estos espacios físicos actúan como un refugio contra la soledad y la alienación.
Aquí en nuestras calles de Pachuca, ya sea el Centro Histórico, los barrios tradicionales, una banca en el parque Hidalgo o en la escuela de Artes o el Centro Cultural “Herrera Cabañas”, el tiempo transcurre con otra textura; y eso es precisamente lo que buscamos en los “terceros lugares”.
Cuando un barrio pierde sus cafés tradicionales, sus parques o sus recintos culturales, pierde la oportunidad de crear comunidad. Los “terceros lugares” garantizan que no seamos extraños en nuestro propio entorno, pues nos brindan la posibilidad de encontrarnos con el otro en un plano horizontal y cotidiano.
Apostar por el cuidado y la revitalización de estos espacios -sean públicos o independientes- es defender la calidad de vida urbana. Porque una ciudad no se mide solo por sus avenidas o sus centros de empleo, sino por la calidez y la frecuencia con la que sus habitantes coinciden a conversar.






