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Morita es un gran jugador. Hoy dejémoslo jugar

En esto del fut no basta con una aparición deslumbrante, sino la repetición al mismo nivel en cada juego, en cada oportunidad que se tiene en la cancha


🖋️ El Poeta del Desastre

Hay futbol. Y sus 17 años no son limitante para el mediocampista de los Xolos de Tijuana que ha mostrado una virtud que no se logra ni se adjudica con tan solo la publicidad: sabe jugar.

Así, la irrupción de Gilberto “Morita” Mora en el futbol mexicano no es un accidente ni un chispazo; no es un producto mediático que se apaga con la misma prisa con la que aparece.

Morita pausa, cambia de ritmo, mira y lee los espacios, los predice, y juega sin inmutarse, sin miedo; recibe, gira, pasa, le da intención a la jugada. “Le casca” al fut, decíamos antaño para reconocer las cualidades con el balón, en la cancha, en el juego.

Ha animado a la afición porque desde hace mucho no vibramos con un verdadero ídolo, que nos haga soñar, que nos ilusione. De ahí, que en los últimos días y tras su actuación y anotación en el partido que México empató a Colombia, miles de líneas ágata y comentarios se han vertido en torno a su persona. Todos queremos verlo en un club de alto rango mundial.

Eso explica por qué hoy su nombre ya “se cuela al área chica” en las conversaciones hacia Europa y en las carpetas de gigantes como el Real Madrid o el FC Barcelona. Mas hay terreno de juego que pisar, plantarse en la cancha: una cosa es reconocer el talento y otra, muy distinta, construirle desde ahora una carrera que apenas empieza a andar. No por nada el mismo Rafa Márquez hoy manifiesta preocupación porque Gilberto complete su proceso. Si queremos hablar de “Morita”, habría que hacerlo siempre desde la cancha.

En el pasto la calidad de Mora no se discute. No parece necesitar mucho para entender las jugadas, toca y pide, recibe y muestra técnica, pero sobre todo algo que distingue, sabe interpretar el momento para acelerar o bajarle intensidad, evitando correr más que los demás; por eso su futbol encanta y le alcanza para sostenerse y tener la atención sin necesidad de ser inflado.

Mas en esto del fut no basta con una aparición deslumbrante, sino la repetición al mismo nivel en cada juego, en cada oportunidad que se tiene en la cancha; crecer y responder ante los diversos rivales, abrir la llave cuando los partidos son cerrados. En Europa se circula el balón más rápido, hay mayor exigencia física y la competencia por la titularidad es “encarnizada”, y eso “pone la vara más alta”. Cierto es que la esencia es la misma, es futbol, pero es también presión, control, perfil; decidir en el momento exacto.

Rafa Márquez lo sabe, el mexicano en España lo sufrió, y así como le reconoce sus virtudes, hoy lanza un llamado a cuidarlo; el reto mayor parece no ser “brincar el charco”, sino el entorno que le estamos construyendo en este momento: el aplauso que se repite, que se hace eco en los medios y en las calles, en los barrios, pero también la descalificación y denostación que luego viene cuando los 90 minutos no nos favorecen.

Morita tendrá que aprender a convivir entre el “oleaje del halago fácil”, el reconocimiento a su talento, un mal partido, los días en la banca, las portadas y el silencio del trabajo que habla en la cancha.

Gilberto Mora, “Morita”, tiene condiciones extraordinarias para ilusionar, para llegar a Europa. Hoy, hay que dejarlo jugar, y ahí, exigirle con la pelota en los pies, con los movimientos tácticos, con su adolescente espíritu que apenas y agarra pista.

Su verdadero reto no será demostrar que puede estar allá, sino probar, partido tras partido, que su futbol se sostiene aun cuando las luces de la novedad se apaguen y comience el rigor de estar siendo visto por otra afición, por los ultras, los tifosis.

Morita es un gran jugador. Hoy, dejémoslo jugar. Ya habrá tiempo, su tiempo, para verlo brillar allende el mar.

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