Sociedad

Con el corazón ardiendo a tope: las voces que desafían la montaña en la Transnavajas

• Durante más de 13 años, la Transnavajas se ha construido como un proyecto de comunidad, pasión y resistencia más que una carrera donde se forjan los ultramaratonistas


🖋 Casimiro Letrán

Son las 8 de la noche del 18 de septiembre. Real del Monte, el punto de salida, se muestra como ese Pueblo Mágico que es: neblina bajando de la sierra, frío y viento helado. Aquí, en la antesala de la penumbra que desafiarán durante las próximas horas, antes de que amanezca, cientos de historias de vida se entrelazan en la línea de salida.

Más allá del cronómetro, el desgaste físico o los más de 3,000 metros sobre el nivel del mar, la montaña convoca a atletas que buscan una experiencia que transforme; a personas que han convertido el dolor, los vicios y la rutina diaria en disciplina, victorias y proyectos de vida.

En las sinuosas y empedradas calles de este pueblo minero que reúne a un selecto grupo de runners encontramos un singular grupo de corredores que de Comitán de Dominguez, Chiapas, llegan a los senderos hidalguenses; estas son sus voces, son sus historias que se enfrentan a la noche con la meta puesta en el podio.

Adentrarte en la Sierra de Las Navajas es mucho más que correr. Es mirarse en la montaña, enfrentar sus encantos y misterios, sus secretos y bellezas; es descubrirse a sí mismo, conectar consigo a cada paso.

Durante más de 13 años, la Transnavajas se ha construido como un proyecto de comunidad, pasión y resistencia más que una carrera donde se forjan los ultramaratonistas. Sus senderos atraviesan bosques frondosos, crestas rocosas y caminos históricos marcados por la obsidiana y la altitud. En este escenario, cada kilómetro cuenta una historia, cada ascenso exige carácter y cada descenso pone a prueba la determinación.

En los 100 kilómetros, la prueba más exigente de la jornada, la resistencia física pasa a segundo plano ante la fortaleza del alma. Aquí compiten Yanin Aguilar, la Chica en Llamas, como le nombran en su tierra, y Raúl Jiménez; dos atletas de alto nivel a quienes sus rivales y compañeros ya reconocen.

Yanin, que de niña quiso ser arqueóloga o veterinaria, es hoy maestra de educación física y entrenadora de perros; en su andar hizo de la montaña su espacio cotidiano:

«Lo más difícil siempre es levantarse en la madrugada, pero cuando ves los amaneceres en alta montaña, lo vale completamente todo».

Con la mira en completar las 20 horas de recorrido, su llamado fue claro: «Sueñen en grande siempre y luchen por sus sueños; que nadie les diga que no pueden». Y lo dice no solo convencida, sino con la certeza de lo posible, como lo demostró recientemente tras romper el récord en los 42 km en Guatemala. Ha hecho de un par de frases la filosofía de su andar: “El que no arriesga no gana” y “Si te hace feliz, tan solo hazlo”.

Raúl Jiménez, de 28 años, vino desde Maravilla Tenejapa, en la Selva Lacandona. Con humildad y plena franqueza, relata su llegada al trail running y el giro drástico que dio su vida:

«Empecé en el deporte porque tenía vicios de alcoholismo y drogadicción. El deporte me cambió bastante la vida y me trajo muchas bendiciones, como mi esposa y mis tres hijos: Sofía, Alan y Santiago».

Tras haber obtenido el tercer lugar en el Sky Pico de Orizaba, Raúl encontró en los parajes nocturnos de la montaña un entorno mágico. Su mensaje antes de internarse en la ruta hidalguense resume el espíritu del corredor: «Disfruten de la vida con el corazón ardiendo a tope… Propónganse una meta y hasta no llegar, hay que lograrla”. Raúl lo sabe bien, y esta edición de la Transnavajas puede ser el punto de quiebre, pues los mismos participantes en la rama varonil lo ven como uno de los favoritos.

En los 60 kilómetros, la disciplina se cruza con las demandas de la vida diaria y el compromiso con los demás. La distancia intermedia, abre paso a otros corredores que ya muestran porque están en ese nivel.

Gabriel “Gabo” Hernández Aranda, de 39 años y originario de Comitán, lleva cinco años en el atletismo de montaña y reconoce el valor del esfuerzo familiar: «Es un gran sacrificio porque dejamos a la familia un rato, pero es muy satisfactorio cuando llegamos y cruzamos la meta, y mejor cuando sacamos un podio». Para Gabo, la clave está en romper la barrera del miedo: «Nunca digas no puedo; mientras no lo intentes no sabes si te va a gustar».

José Alejandro “Alex” Jiménez Solano, de 41 años, llegó a las carreras hace tres años tras un momento personal complicado. Agente de ventas con jornadas de 12 horas, entrena en las noches para aclimatarse:

«Aunque sea cansadito, nos vamos a entrenar para podernos preparar al cien».

Su proyección va más allá de la meta personal, pues capacita a un grupo de niños los viernes: «Nos andamos preparando para ser coaches. Si el día de mañana ya no podemos correr, me gustaría aconsejar a los niños que vienen subiendo».

Alan Muñoz Martínez, con 34 años y también de Comitán, participará en la prueba de 15 kilómetros. Tras iniciarse por invitación de un familiar en una carrera de asfalto, descubrió su talento para la especialidad.

Alan comparte hoy el gusto por las largas distancias, con Yanin, a quien reconoce como una referente en los 100k y que pronto “será también apreciada en el ámbito nacional e internacional”.

Son las 8:01 de la noche. El frío realmontense le hace los honores a hombres y mujeres que enfrentan no solo el reto de llegar a la meta, sino el de saberse capaces de alcanzar, con tesón y disciplina, sus más caros anhelos: ser mejores personas cada día.

Ahí van, paso a paso, seguros de que lo único que tienen por cierto es que darán todo lo que esté en su cuerpo y mente y, claro, por subirse al podio y saborear el momento de la gloria; esa que hincha el pecho y hace latir más fuerte el corazón, la misma que a veces hace que la emoción los venza y resbale una lágrima por la mejilla.

Son las voces de la montaña que hacen eco en sus pasos mientras corren en los senderos de la Sierra de Las Navajas.

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