30 octubre, 2020

La Verdad Hidalgo

Diario digital sobre política y sociedad

Ayer fue Día del Niño. Tenemos mucho que aprenderles

Los pequeños nos hicieron recordar los sueños de un mundo mejor construido, sin egoísmo, con respeto por los demás, con solidaridad, con amor por nuestra naturaleza, con ganas de vivir…


Pánfilo Pérez

Ayer fue un Día del Niño sui géneris. Nunca en la vida, y mire que ya llevó algunos a cuestas, había presenciado uno como éste, ni siquiera hace una década cuando nos enfrentamos a la pandemia de influenza, la provocada por el AH1N1. Hoy, el Sars-Cov-2, el virus que produce la enfermedad Covid-19, nos pone en la urgencia de mantenernos en casa, en una sana distancia que nos mantiene separados de los demás, así sea por metro y medio, todo ello con el fin de mantenernos sanos y evitar los contagios masivos.

Un Día del Niño fuera de lo común en el mundo de la salud pública, al menos en la de mi generación, que acaso pensamos en una guerra nuclear que nos pondría en aislamiento, en sótanos forrados de plomo, en cautiverios lejos de las radiaciones, de la fuerza que generarían las ondas expansivas de las explosiones y no en un virus, microscópico, invisible, altamente contagioso.

Un Día del Niño en el que los bailes en los centros escolares, las reuniones tipo kermés en otros, las poesías, los cantos, los dulces y juegos, las sonrisas y los llantos, y los gritos y los berrinches y las reuniones en los parques y jardines, las fiestas con globos y serpentinas, “espanta suegras” y hoy ausencias, se guardaron en las casas, se ausentaron, o en el menor de los casos, las hubo de manera virtual.  

Y fue un día fuera de lo común en el mundo de la salud pública porque los niños nos dieron una nueva lección de cómo entender el mundo, de cómo deberemos enfrentarlo, de cómo sienten y viven este hoy, que si bien nos mantiene unidos, no nos permite estar juntos.

Fue también una lección de aprendizaje, ese conocimiento que se genera sin prejuicios, de manera directa y franca, cuando se habla por sí y por todos, cuando se confía en el interlocutor, pero sobre todo cuando se confía en la autoridad que representa y aún más cuando se confía en la persona.

Y me refiero a la conferencia de ayer, la de cada noche a las 7, la del informe del estado del Covid en México, que tuvo como protagonistas a niñas y niños mexicanos, a pequeñas y pequeños de diversos estados de la república, a niñas y niños que padecen alguna discapacidad, quienes preguntaron por el hoy, pero también por el mañana, ese que ya es suyo, el que les pertenece y al que le hemos restado luz, calor, armonía, paz.

Y mire que, si no vamos aprender de ellos, de sus cuestionamientos, de las sencillas preguntas de ellas, que fueron desde el si puede pararse el Covid antes del día 8 para celebrar una fiestas de cumpleaños, o el cómo actúa el coronavirus en nuestros cuerpos, si afecta a quienes padecen alguna enfermedad crónica, o cómo pueden apoyar a que la pandemia no siga extendiéndose.

Vaya pues, nos dieron la oportunidad de saber por dónde vamos en la parte que les estamos legando con nuestras conductas, ejemplos, formas de ser y pensar.

Cómo no aprenderles, si nos dieron una gran lección de comportamiento, de entendimiento, de respeto, ese con el que se refirieron al interlocutor, “buenas noches Dr. Hugo López Gatell”, que les ha ganado en su confianza, que les ha motivado a reafirmase, a pensar, sí en ellos, sí en la colectividad, sí en una nueva manera de vivir lo que vendrá, pues seguramente para ellas, para ellos, esto se repetirá.

Qué envidia, como solemos decir muchos de mi generación, me dio el doctor, cuando niñas y niños expresaron: “De grande voy a ser científica y epidemióloga”; “me inspiró para ser una gran doctora”; “los héroes de hoy no llevan capa, usan bata”, porque escucho en las chiquitinas y los chiquitines expresarse a partir de su sentir, de sus dolencias, una cura para todos.

Esta vez, ellos, ellas, los pequeños y pequeñas de la casa, fueron más allá de un ejercicio democrático de inclusión, de participación, lejos del egoísmo de los adultos, de la política y los políticos, de las empresas y la economía. Esta vez, sí, llevaron el día del niño a la conciencia nacional: es deber de nosotros pensar en su mañana pensando en nuestro hoy.

Tenemos mucho que aprenderles, tener la memoria fresca, recordar los sueños de un mundo mejor construido, sin egoísmo, con respeto por los demás, con solidaridad, con amor por nuestra naturaleza, con ganas de vivir, como aquellas que sentimos cuando fuimos niños.  

¿Será por eso que todos queremos volver a la niñez? Yo sí, lo confieso.

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